Prolífico Bradford Cox. Durante el último par de años, tanto con su banda Deerhunter como escondido tras su acepción semisolitaria de Atlas Sound, nos ha proporcionado innumerables alegrías discográficas. Ahora toca álbum de Deerhunter. Una vez escuchada con cierta atención la entrada de “Halcyon Digest” (4AD) sin embargo parecen cada vez más difusas las distancias que mantienen ambos conceptos.

Como suele suceder con las obras importantes, el hecho de que se pueda abordar desde varios prismas deja a la música en un plano no tan prioritario como otros artistas, recordándome personalmente las impresiones iniciales, con la voz tratada y la neblina acústica, el pop de “Giant Steps” de The Boo Radleys. Curiosamente, una de las piezas más impactantes no es de Bradford sino del guitarrista Lockett Pundt“Desire Lines”-, montada en su segunda parte sobre un arpegio en forma de arabesco que, a medida que se sumerge entre la sección rítmica, se va tornando solo de guitarra –¿líneas de deseo?- en un entorno obsesivo; como puntear con un ritmo alemán persiguiéndote. Dado que viene justo después de “Memory Boy”, la canción más pegadiza, debe considerarse este tramo el meollo del disco.

Conociendo el talante enfermizo de Cox, “Halcyon Digest” es propicio a un segundo tipo de lectura, sin tampoco dejarnos caer en la tentación de hurgar en busca de pelos entre la letra pequeña con los que defender teorías de psicoanálisis trasnochadas. Justo es, no obstante, recalcar –pues él mismo se encarga de destacarlo en los créditos a través de un texto explicativo de Dennis Cooper– la importancia de “Helicopter”, tema basado en el asesinato de un chapero de lujo por la mafia en Rusia. En “Sailing” –la frase `no water, no food, it was good´- se apuntan patologías más allá de su síndrome de Marfan. Y varios versos –en “Basement Scene”, aparte de arrancar el texto como “All I Have To Do Is Dream”, dice `I don´t want to get old no´ para una estrofa después afirmar `I wanna get old´, mientras en “He Would Have Laughed”, dedicada al fallecido Jay Reatard, confiesa que `I get bored as I get older´ y `I won´t rest till I can´t breath´ preguntándose `where did my friends go´- confirman ese creciente temor capaz de tornarse pánico ante el paso del tiempo, cuando por entre los extraños vericuetos y curvaturas de nuestra mente, de lo que pensamos y luego decimos o callamos, se forma la gran sombra tenebrosa de la soledad.

Gran disco, sí, aunque quizás acabe sobrevalorado por quienes se dejaron llevar por la euforia inicial tras la excesivamente positiva reseña de Pitchfork.