He seguido la trayectoria de Aberfeldy desde el principio. Mi interés por ellos llegó en 2004 por varios caminos: su obsesión pop buscando lo ramplón desde posiciones cultas (un poco La Casa Azul); la garantía de honestidad escocesa; la presencia de Ian Stoddart, bajista de Win; un single of the week en el NME; y el aval de Rough Trade. Sin contar la portada de “Young Forever” con dos leones copulando.

Han pasado por el resto de la década anónimamente. Su segundo álbum “Do Whatever Turns You On” (2006), producido por Calum Malcolm (¿alguien recuerda a The Headboys?), fracasó tanto como el anterior, quizás porque caía en la misma trampa que otros grupos menores como Cosmic Rough Riders al sonar a restos del primero. Stoddart ya no estaba, y Rough Trade los despidió, conformándose Aberfeldy con hacer lo que toca en estos casos si se actúa con sensatez, que es esperar el tiempo que haga falta –cuatro años en este caso- hasta contar con otro manojo de composiciones decentes, con los cambios pertinentes (ya no está, entre otros, Ruth Barrie, mientras ahora es peso pesado el cantautor Chris Bradley, con dos álbumes en solitario).

Sin presentar variaciones sustanciales, “Claire” irrumpe con su bienvenida frescura de las tierras altas. Aberfeldy siguen empeñados en sonar excesivamente fáciles, rozando el chicle, como si a Teenage Fanclub les regalasen un teclado de juguete en una fiesta protagonizada por las voces masculinas y femeninas de Belle & Sebastian, con retazos de diversificación en los márgenes –“Malcolm”, quizás dedicada a Calum, cubre los arpegios clásicos que van de Nilsson a Paul Simon, mientras “Lisa Marie”, cuyo ejercicio de light disco podría devenir penoso, aquí llega tierna- y con algún pespunte a lo Prefab Sprout“Play The Music Loud”– de mayor señorío.