Hace veinticinco años había un chascarrillo popular comentando irónicamente que los periodistas del NME se postraban mucho más rápido ante artistas si eran mujeres y llevaban minifalda; para verles las bragas. Dicho de otra manera, si era mujer y guapa recibía mejores reseñas, y si era un grupo formado por mujeres, aunque sin mucho talento, lo tenía más fácil que su equivalente masculino. Claro que no es lo mismo ensalzar a Bananarama que a Throwing Muses, pero aún miro con desconfianza –me ha quedado el trauma- cualquier exposición mediática desmesurada de mujeres en el rock, sin renunciar por supuesto a mi creencia de que por otro lado están discriminadas: salta a la vista cuando vas a un concierto (como a un partido de fútbol) y echas cuentas.

Lo digo porque lleva el NME más de seis meses dando la tabarra con Warpaint; desde la pasada edición de South By Southwest, para precisar. Un vistazo a la biografía de estas chicas tampoco erradica sospechas al enterarme que una de ellas, Emily Kokal, salía con John Frusciante de Red Hot Chilli Peppers, Theresa Wyman con Vincent Gallo, y Jenny Lee Lindberg es hermana de la actriz Shannyn Sossamon, aunque bien mirado, tras seis años de vagar por la escena de L.A, es lo mínimo que se podía esperar. No importa, de hecho mejor así para sentir el impacto de “The Fool” (Rough Trade 2010).

Llega como un corredor de fondo penalizado en una carrera de obstáculos. Desde atrás, sin aspavientos triunfalistas ni efectos especiales de estrellas hollywoodienses. Tras una portada inquietante de rojo sangre escondiendo un rostro distorsionado evocando una calavera. Y con una música no menos inquietante, fraguada sobre arpegios cuya amenaza jamás llega a sobresalto sino que opta por la intriga. Líquidos, cautivando con sensualidad. Warpaint suenan más suaves y variadas que Throwing Muses, más rock que Kate Bush y más jóvenes que Cocteau Twins. Me encanta su manera de abordar las canciones, con cautela, para ir explorando sus posibilidades, flexionando músculos, apurando sin correr riesgos de echar por la borda los minutos edificados de una canción, sin mamarrachadas propias del art-rock. Todas las piezas son de extensión mediana, entre los cuatro y los seis minutos, estirándose y contrayéndose mientras juegan con las resonancias de una aceleración sutil de la guitarra –tanto en “Set Your Arms Down” como en “Warpaint”– rasgueando al final. A veces el eco intimista de la voz busca registros alternativos: en el comienzo de “Shadows” parece la de una Jeanette retornando cansada y poco lúcida a casa pero, como nada en el mundo de Warpaint es lo que parece –la carencia de melodías evidentes, para mi sorpresa, aquí no merma sino suma-, la incorporación de una percusión prominente le confiere un nuevo rumbo; y en “Composure” las voces llegan militantes desde la oscuridad para enseguida virar a remolque de la música.

La sensación al terminar la escucha de “The Fool” cabalga entre la plenitud y la insatisfacción. Entre lo opaco y lo transparente. Entre el hielo y el magma. Pero siempre dejando un rastro de fascinación que te hará volver a él una y otra vez para buscar respuestas, entre sus rincones infinitos, que te han pasado por alto. Muy muy adictivo.