Llevo ya un mes dándole vueltas –bueno, quien en realidad da vueltas en el reproductor es él- a “Duat” (Limbo Starr 2010), el nuevo trabajo –EP por número de canciones, álbum por su duración- de Cuchillo. Recurro a él cada vez más a menudo, sobre todo cuando necesito compañía para reflexionar. Le estoy descubriendo una virtud preciada y seductora: me hace dejarme ir. Supongo que ellos también se dejaron ir creándolo. Después de varios meses separados en sus proyectos, Israel marco y Daniel Domínguez han aprovechado las experiencias personales para darle un giro a su folk rock psicodélico –canciones de cuatro minutos con espiritualidad Fleet Foxes– adentrándose en una dimensión de espacios y tiempos menos cuadriculados. Al menos las tres largas que conforman “Duat” así lo sugieren. “Sombra y mar”, de seis minutos, empieza columpiándose en acordes graves a cámara lenta, casi fúnebres (de escuela Low), para ir construyendo un sonido de páramo seco, quizás en otro tiempo pantano, entre arena y cal, oliendo a salitre y a semen. “Último Silencio”, de ocho, en algunos tramos se abastece del rock alemán más etéreo de hace cuarenta años, sosteniendo un paso no muy alejado de aquellos Pink Floyd expansivos en directo con “Ummagumma” haciendo crecer poco a poco “Careful With That Axe Eugene”. Y terminan con los catorce minutos del casi instrumental “Duat” deambulando escoltados de drones sobre un piano, establecidos cómodamente en un plano de aguas ajenas al tiempo. Fluyen corrientes subterráneas bajo la aparente tranquilidad, que van y vienen de manera inquietante. Temes la zozobra, pero nunca sientes la angustia del peligro. “Duat”, inframundo egipcio. Huyendo de la oscuridad.

Israel afirma no poder precisar en la actualidad si sacarán provecho musical de esta aventura en el futuro, cuando regresen a los temas cortos. De todos modos algo habrán aprendido –en este caso pienso que un montón- de tan interesante viaje.