No tengo claro hacia dónde van tirando mis preferencias sobre escaparates modernos y tendencias de lo indie. Sé que se mueven, y con cierta inquietud. Lo que hace unos años podía defender más o menos ciegamente hoy me produce una pereza que no deseo vencer. Y a su vez me encuentro disfrutando de la obediencia a unas normas estéticas de las que acabé bien harto. En mi caso, el trabajo que supone elaborar las listas del año va más allá del absurdo ejercicio de mostrar qué es mejor y qué peor. Las redacto de sopetón y solo malgasto esfuerzos en intercambiar dos o tres posiciones en la tabla. Nada importante, simples toques caprichosos que no creo desvirtúen mis gustos para este año. Bastante nocturno me veo en las listas de 2010. Ha sido el año del empujón a Zola Jesus, de la ciudad acristalada de Matthew Dear, de ese misterio -casi críptico, aunque parece facilón- que son los atropellados bocetos de los que han salido los palacios de Beach House.

No me suelen embaucar con tesis musicales sobre la soledad, aunque -desde que conocí a “Do Your Best”– mis ritmos vitales solo reconocen su misma frecuencia en espacios sosegados que ofrece la noche urbana. Imaginados o no. Esa inercia me ha llevado a Former Ghosts, cuya primera impresión no fue la de un flechazo sino la de un rutilante affaire. Miré de reojo a “New Love” y me llevé una impresión de cuidado. Me acerqué y se apagó el calentón. Son las cosas de la noche que, aunque parecen traidoras, pueden tener más trazas de realidad que la certeza diaria. Hay quien aún prefiere un beso tramposo en horas intempestivas que un “te quiero” todos los días. “Black City”, de Matthew Dear, juega en la liga de los deseos. Y no me gustaría descubrir que “New Love” lo hace en la de las grandes y robustas apariencias.

A pesar de todo, apuesto por Former Ghosts. Nika Roza Danilova y Jamie Stewart también lo han hecho, poniéndose al lado de Freddy Ruppert para impulsar su conciencia del aislamiento moderno. Guarda un sentido del dance que se acerca más al músculo de Wild Beasts que al que insinúa el mencionado “Black City”. En este segundo disco detecto que el joven Ruppert se ha propuesto llegar al examen con los deberes bien hechos, sin tener en cuenta que hay profesores que valoran que el speech tenga su swing y ese puntito de debilidad que se escapa cuando queremos ser nosotros mismos y no nos salen las cosas. Me pone esa inseguridad que puede dar la propia seguridad. Lo inverso no me interesa. ¿Así me suena “New Orleans”?

A estas canciones le quitaría dos capas de sedimentos. Las dejaría tan desnudas como quedó “Taurean Nature”, con Ruppert cara a cara contra el eco de su voz. Mira con excesiva admiración los gestos -esquizofénicos, desordenados- de Jamie Stewart. Así busca sacar sus inquietudes de dentro y eso lleva un gran riesgo. Porque a veces ni uno mismo es capaz de distinguir la estridencia de sus sentimientos de la supuesta profundidad de los mismos. Soy exigente; me gustaría que Former Ghosts peleara por los puestos de mi lista. Ha elegido las maneras adecuadas, esas que esperan extraer la mayor luminosidad de los rincones oscuros. Pero le falta inconsciencia. También eliminaría ruiditos “incidentales”. Algo muy cool y -personalmente, en este entorno- una molestia absoluta. Para mí son al indie electrónico lo que los riffs de guitarra con escalada por mástil al rock que ya no se lleva. Un complemento que abulta y afea.