01. The Roots. “How I Got Over”

Más que un disco de hip-hop para los que no comulgan con el género, “How I Got Over” es un tranquilo alegato de música negra para los que empezaron a apreciarla con la serena beligerancia de los primeros setenta. Sobre el décimo disco de The Roots ha caído de pleno el currículo de Curtis Mayfield como profesor de calle. También se ve a Gil Scott-Heron en su papel de guerrero obsesionado con el diálogo. No hay tiempo para concursos de rimas ni para saltos mortales con la garganta. Tampoco encontrarás esas referencias útiles para poder estar al día. Solo se trata de intentar ser lo más claro en el poco espacio que nos deja una canción. Y sin correr, por favor.

The Roots –hippies protegidos desde una postura gangsta– han recogido el papel de griots del siglo veintiuno y no tienen problema en desviarnos la vista hacia una época donde se acariciaban las ideas colectivas cantando en falsete o vistiendo pantalón de campana. En este sentido, “How I Got Over” rompe un poco la dinámica (“algo fuera está cambiando / y yo también quiero cambiar / solo sé una cosa / no es cool dejarse llevar”). Y no hace falta imaginarlo: “Dear God 2.0” –adaptación de Monsters Of Folk– nos conduce sin querer hacia “What’s Going On”. A la ingravidez del soul. No conozco a nadie que estuviera en aquella guerra de la que tanto se lamentaba el hijo del predicador. Poco nos importó a la hora de escucharle. Igual aquí también se habla de unas calles -las de Philadelphia- por las que nunca pasamos.

Black Thought sigue al frente con sus sobrios recitados, pero los mejores temas se los lleva un habitual del gang. Dice Raw -tremendo su flow a lo “Superfly”– se cuela en el mejor lote de canciones del año: las seis primeras del disco. No es un problema de liderazgo. Podemos seguir haciendo la guerra por nuestra cuenta (“Walk Alone”) o empezar a sumar efectivos a nuestra causa (“How I Got Over”). Ya lo decía Scott-Heron hace cuarenta años: si tenemos motivos para quejarnos, entonces tenemos un motivo para pensar. Y si tenemos un motivo para pensar, ya no tenemos excusa para no compartir nuestros deseos. Ahora o nunca (“Now Or Never”).