La psicodelia, bajo la perspectiva actual, solo puede contemplarse respetando ciertas reglas de producción que pinten el sonido con un tinte retro. Desde los confines australianos –Perth, el sol de la costa oeste, la esperanza de una nueva vida al otro lado- proponen Tame Impala una réplica de aquellos días lisérgicos. No es una réplica que busque calcar nota por nota, sino que se centra en atrapar la ambientación de todas las variantes del género en un solo álbum, “Innerspeaker” (Modular 2010). Esto supone que muchas canciones no se conforman con desplegar una secuencia y trabajar sobre ella; cada tema es un mundo cambiante sostenido por el alambre progresivo. Como Dungen pero en placentero. Como Ariel Pink pero más lamiendo que mordiendo, a pesar de la aparente virulencia rítmica.

La percusión inicial seca de “It Isn´t Meant To Be”, saturada de las impurezas de los platos como la del DJ Shadow más popular, deja paso a un carrusel de ritmos que se retuercen sobre melodías que van y vienen, siempre con el toque añejo crepuscular groovy en primer plano. Podrían incluso compararse a MGMT por ciertos trucos comunes aplicados en la mezcla de Dave Fridmann en Tarbox, aunque les queda mejor la comparación –“The Bold Arrow Of Time”– con unos Cream catapultados a lo estratosférico. Tame Impala: psicodélicos, clorofílicos y asequibles.