Serán recordados como los protagonistas musicales de “Saturday Night Fever” pero, gracias a su poderío melódico diez años antes (aún adolescentes), para mí son para siempre jamás los exponentes más fecundos de música romántica que han pisado el planeta. La verdadera fábrica de éxitos rompe(arregla)corazones.

1- “I Started A Joke”. Por Khao San Road, la calle mochilera de Bangkok, suelen pasear cantantes ciegos tailandeses con micro y reproductor de karaoke, acompañados por un lazarillo que pasa el cazo, cantando mayormente canciones nacionales a cambio de una limosna. Entre que las canciones suaves siamesas a mí me suenan casi todas igual y el vaivén constante de pedigüeños aprovechándose de la sensibilidad de los visitantes primerizos, yo normalmente no suelo dar. Pero una vez sí di, vaya si di. Un viejo ciego thai acompañado de su esposa se acerca renqueando y canta como buenamente puede “I Started A Joke”, una de esas canciones que en condiciones normales le saca lágrimas hasta a una piedra. Sentí una emoción tan profunda, tan olvidada, y estaba tan contento de recuperar esa melodía junto a gajos fragmentados de mi adolescencia, que salté de la silla de la terraza del bar y me desprendí de veinte bahts –medio euro, para mi promedio todo un despilfarro- embargado por el momento. Empecé un chiste/ que hizo empezar a llorar a todo el mundo/ pero no ví que el chiste estaba en mí. La limosna mejor gastada de mi vida.

2- “First Of May”. Sabía que no se refería al día del trabajador, pero siempre pensé –por aproximación de fechas y decoración navideña- que los tres hermanos cantaban esta canción con la mira puesta en el día de la madre, hasta que me enteré que iba dedicada al perro de Barry. Memorable la utilización de la orquesta, que la pone en el mismo pedestal almibarado de “Honey”. Dicen que fue la culpable de la marcha de Robin pues él prefería que hubiese comandado el single la que acabó como canción de relleno, “Lamplight”.

3- “Lamplight”. Melodía fastuosa que se corea como la más sentida de las plegarias. Bee Gees siempre se han columpiado en la frontera polémica del over the top. Por mucho que coqueteen con el empalago, a mí me pueden.

4- “Words”. Los Gibb no fueron grandes letristas sino creadores de grandes tonadas. Y sin embargo mi subconsciente se basó en una frase aquí cantada para empezar a llenar folios cada vez que me robaba el corazón una chica, así como años después decidir estudiar periodismo. Un principio fundamental para animarse a escribir: words are all I have/ to take your heart away.

5- “Holiday”. Profusión de cuerdas, poco que ver con la instrumentación pop clásica, y el ansia por atrapar las nuevas variantes arreglísticas de los éxitos de “Good Vibrations” y “Penny Lane”.

6- “Saved By The Bell” (Robin Gibb). La voz temblorosa de Robin se lanza a la aventura en solitario con un sonado éxito. Tan a flor de piel que es capaz de derretir la herrumbre de un acorazado entre la dulzura trágica de sus meandros.

7- “Massachusetts”. Habla de volver a Massachusetts. De volver a casa tras haber probado llegar hasta San Francisco. Un single que se publicó cuatro meses después de “San Francisco (Be Sure To Wear Flowers In Your Hair)” de Scott McKenzie.

8- “How Can You Mend A Broken Heart”. La primera vez que escuché el título y la canción, aposté por su naufragio. El primero demasiado largo, la segunda demasiado lenta, el mensaje demasiado cursi (how can you stop the rain from falling down/ how can you stop the sun from shinning). De hecho tuvo que ser la versión aterciopelada de Al Green la que redimiese ante mis ojos sus cualidades intrínsecas como composición.

9- “Railroad” (Maurice Gibb). Al marcharse Robin, también Maurice decide probar solo. Juega, al igual que “Massachusetts”, con sentimientos mezcla de nostalgia y vuelta a casa, y lo hace a través de una guitarra acústica de trote apacible en la línea –aunque posterior y ralentizado- de “O Tren” de Andrés Do Barro.

10- “I Can´t See Nobody”. La narración sombría de una vida alegre que se torna gris cuando la pareja se rompe, con los arreglos empujando una voz que, cada vez que se atreve con el falsete, deja intuir cierta influencia de/en la música de color. Fue la cara B de su primer gran éxito “New York Mining Disaster 1941”.

11- “Tomorrow, Tomorrow”. Competencia familiar. Barry y Maurice se afanan en adelantar a Robin meses antes de publicar éste “Saved By The Bell”. Quizás no esté a la altura de las mejores canciones del trío –como otras omitidas en esta lista, por ejemplo “I´ve Gotta Get A Message To You”, “World”- pero la aprecio por la estructura variable y la gallardía abanderando –igual que “Don´t Forget To Remember”, gran título- su travesía del desierto como dúo.

12- “To Love Somebody”. Pelín recargada con los arreglos de viento apretando al estribillo quebradizo, puso de relieve la necesidad de amar a alguien en verano de 1967. Meses antes, aquella primavera, Jefferson Airplane aconsejaron casi lo mismo: alguien a quien amar (“Somebody To Love”). Fue evidentemente el verano del amor.