Uno no sabe si el agua dibujada que le llega hasta las rodillas a Sam Beam en la portada de “Kiss Each Other Clean” de Iron And Wine (4AD 2011) en la vida real le ha alcanzado ya el cuello y la barba. Es una portada, aunque de fondo negro, significativamente en color: subsiste en la música de Sam su genética de cantautor con tendencias apocalípticas –viñetas de matriz Dylan en “Walking From Home” en ráfagas consecutivas: I saw sinners making music, I saw sickness, blooming fruit trees, bit of it was mine– heredadas de la introspección de sus dos primeros álbumes de configuración austera.

Soy, y supongo que se notó aquí optando por hablar de una canción y no del álbum entero, de los que recibieron de uñas los cambios musicales de “The Shepherd´s Dog”. Se me estaba arrebatando a un cantautor crucial, de ésos de escuchar y salir corriendo a cortarte las venas, a cambio de migajas en forma de arreglos que quedaban aceptablemente bien –picando de varios estilos sin decantarse por ninguno- pero en tierra de nadie. Me acostumbré con el tiempo a superar el escollo –al igual que me ha ocurrido con unos cuantos álbumes de Will Oldham– hasta llegar al meollo de su mensaje.

En el apartado musical insiste “Kiss Each Other Clean” en mantenerse alejado del formato guitarra acústica/voz inicial. Esta vez ha picado de manjares distintos con un par de ingredientes comunes. En primer lugar la abundancia de piano eléctrico que lo ubica en los 70 más profundos –he leído por ahí acertadamente Stevie Wonder, Steve Winwood y Paul Simon– y, en segundo, el denominador de un adjetivo común a todas las canciones: calidez. Porque cálido es el medio tiempo perezoso de “Me And Lazarus”; cálida es la logística –casi dream pop– de “The Tree By The River” –por cierto, en bastantes textos aquí surge la palabra river– que nos conduciría al “1972” de Josh Rouse; cálida es la instrumentación tropical sintética de “Monkeys Uptown”; y cálida es la sensación –aparente- de bonanza de “Half Moon”.

Otras reminiscencias de la misma década serían el wah wah y la flauta de una “Rabbit Will Run” de sabiduría imponente –and I still have a prayer, though too few occasions to pray/…a rabbit will run and a pig will lay in his piss-, así como el funk blandito y blanquito prescindible –aunque con otra sentencia para enmarcar: la diosa arrogante del amor vino a robar mis zapatos– de “Big Burned Hand”, quedando la marejada de saxos cruzados –¿Zappa?- y las voces de un estribillo a la Yes de “Your Fake Name Is Good Enough For Me” como un reflejo más en la retina del Sam Beam de la portada, que al final opta por frenar reflotándolo a aguas más tranquilas.

La desembocadura del río es ancha, como dice en “Glad Man Singing”. El profeta sigue a rebufo de su flujo. Observando la manera de cruzarlo. No me cabe duda de que, azuzándose su poblada barba, lo hará. Solo que no sé si separará las aguas de su Mar Rojo privado como lo hizo Lesseps o como lo hizo Moisés.