Reseña Rockdelux 222 (octubre 2004): … Lo que cuenta sin embargo es el sentimiento –romanticismo otoñal- del conjunto, esa sucesión de melodías que se clavan para siempre, casi a la altura de un “Technique” o, hilando fino, “Un Soplo En El Corazón”. Un regusto a nostalgia de tiempos mejores –tipo The Clientele– elaborado desde las profundidades abisales del universo de guitarras, allá, en los confines del sonido, donde el pop se nutre de electricidad para seguir inoculando su veneno indispensable contra el cual el corazón humano aún no ha encontrado el antídoto. Colosal.

2011. “Lesser Matters” de The Radio Dept es uno de mis discos de cabecera, como ya quedó constatado aquí. De los diez o veinte que me llevaría a la isla desierta. Quizás porque su poder evocador es tal que, más que hablar de él, me invita a hablar de la isla desierta. De la bonanza de la soledad. De los agujeros que devienen pozos negros y de ciertas músicas con facultades curativas asombrosas, tapándolos al menos momentáneamente hasta que el álbum deja de sonar. De nuestra capacidad para sensibilizarnos ante sonidos sencillos de escasa calidad técnica, quizás porque contienen otras virtudes más en consonancia con su tiempo.

Parte del magnetismo de “Lesser Matters” radica en su perversidad. Si perverso es quien pervierte, este álbum –porque me hace ver las cosas más buenas de lo que en realidad son: más bello el paisaje, más honesta la gente- decididamente lo es. Y, siguiendo en la línea de desestimar conceptos adquiridos, si “Lesser Matters” consigue pervertirme, el pervertido soy yo. El que se siente mejor tras escucharlo. El que se estremece con el repiqueteo de las baquetas incluso antes de que entre la guitarra arrasando en “Where Damage Isn´t Already Done”. O con la acidez eléctrica y la vocalización onírica que deja paso al fluir de “Keen On Boys”. O con el salitre crepuscular de “Why Won´t You Talk About It?”. O con el tintineo celestial –nothing happens here…anymore: ¡qué ingravidez tan triste!- de “Bus”. O con la nostalgia como una bola difícil de tragar que es “1995”. Nadie es inmune a la película de su vida cuando escucha música. Ni a la acuarela bajo la lluvia que es su pasado, ni al mapa por dibujar que es su futuro. Podemos sucumbir ante la marea, nos pueden suceder cosas extrañas –incluso que nos incluyan, “Strange Things Will Happen”, en la banda sonora de “Bon Appétit”-, tu padre, Ewan, más lo perdido y lo encontrado. “Lost And Found”. Debes saber sin embargo una cosa: cuando te impregnes de la guitarra final tan sencillamente devastadora a partir del minuto 2:15 antes del fade out, no podrás –nunca jamás- volver atrás y hacer como que no has escuchado este disco. Ni siquiera para despedirte.