Mientras muchos de los nombres a los que se suele apelar para relacionar la música de Yakuzi han suavizado las formas con el paso del tiempo, ellos siguen picando piedra. Quizás porque es su forma de describir su entorno. De ver la vida a pie de ría. Y –el anagrama me viene al pelo- a pie de ira. De constatar su presente. Retumben o no los tambores de paz, el discurrir cotidiano sigue siendo duro, y cunden más unos bocaditos con los colegas que haber ganado el Villa De Bilbao o haber tocado en el Primavera Sound.

Así que la manera más honesta de reflejarse es constatar lo mucho que sigue incólume en vez de lo poco que ha cambiado. Hay algo de dramático y fiero en el arranque de “Nitro” abriendo “Ausardiaren Garaia” (Bonberenea Ekintzak 2011), en su palpitar inicial, algo de bocanada vital en busca del aire contaminado del cinturón industrial. Portada y contraportada muestran escuetas la dualidad vizcaína. Para un grupo casi instrumental, el minutaje amplio –como en “Izaki Ikusezinak”– es básico para comunicar, permitiéndose la incorporación de la trompeta de Ibon Rodríguez y la voz de Ibon BilbaoAma Say-, amén de samples con efectos parecidos a los de Migala pero en clave política.

Quienes quieran post-rock de primera, ahí están los últimos minutos de “Rotor”, gaseosos y monumentales. Y si a veces se ceban en tramos impenetrables para oídos educados en el pop como los míos –“Otori”-, tienen a bien volver a captar la atención con un bonus donde el pulso –el beat- de “Apurtu” –con la colaboración de DJ Amsia– es mucho más seco que el de James Murphy. El eco de la sangre retumbando en venas de hormigón. Presión máxima.