A David Ackles le conocí a través de una de las versiones más sentidas que conozco, la que hicieron Julie Driscoll y Brian Auger de su “Road To Cairo”. En aquel mismo “Lo Mejor De Julie Driscoll, Brian Auger & The Trinity” (Polydor 1970), la pareja –sobre todo la voz de ella- lo hacía de diez con piezas de Nina Simone, The Staple Singers, Bob Dylan y Richie Havens.

Abordar “American Gothic” hoy me produce una sensación agridulce. Lo compré en 1974, dos años después de su publicación, sin empezar a establecer una relación afectiva hasta una década y pico después, cuando me enfrasqué en un artículo de Randy Newman para Ruta 66. Muy a mi pesar lo había ignorado tras dos o tres escuchas, debido a sus arreglos demasiado enrevesados –a cargo de Bernie Taupin, socio de Elton John: se grabó en Gran Bretaña dada la estima de Ackles por la literatura inglesa- y armonías decadentes tipo Bertolt Brecht/Kurt Weill, referentes que se habían hecho un hueco entre otros fichajes de Elektra como Jim Morrison. La orquestación rebuscada –y recargada-, los vientos y las cuerdas persiguiendo al texto en “American Gothic”, no me permitían asimilar lo magistral de éste –and he drinks til he drowns in his dreams– describiendo el retrato de un matrimonio agotado. He reads the way her new shoes squeak, and pray God to survive one more week.

La mejor manera de entrar en el álbum es a través de las similitudes –logo de Elektra aparte- con Randy Newman. El humor de David es menos cáustico, por supuesto, pero los tintes añejos de piano –la tradición ragtime en “Oh, California”– coinciden, con esa placidez anestesiante pretérita –como de un tiempo que ya no volverá- desflorando su pluma de alto nivel. Un resultado de métrica brutal en “Waiting For The Moving Van” y sobre todo en la descripción del sentimiento tras un polvo de una noche en “One Night Stand”. Tomen nota, trovadores de alcoba: but I´d sure like to stay and get to know you better/ I´d say “I´ll write” but you never get the letter/ mmm I wish it wasn´t a one night stand. Pero donde mejor combina belleza poética con nostalgia es en “Love´s Enough”, puro sixties crepuscular. Cause tomorrow is forever/ and love´s enough for anyone today.

La prueba de fuego de un Ackles retratando situaciones y emociones sin distinción pero con precisión se culmina en un tema de diez minutos cerrando el álbum, “Montana Song”. Aquí ya no se trata de describir al indio que acaba borracho en la ciudad opresora metiendo una bomba en un colegio –“Blues For Billy Whitecloud”– ni de ceñirse a amores vacíos, trabajos precarios, camaradería y soledad, fracasados, soñadores y demás componentes del extraordinario tapiz norteamericano de Don McLean. Esta vez se trata de la genealogía en tono sepia, de la autobiografía de una educación religiosa, del retorno, de los colonos y las dudas del progreso. David se extiende entre verso y verso dejando hablar a los arreglos de Taupin con una épica de cinemascope, biblia en mano, recordando infancias y destripando raíces. América América.

En su día menosprecié este álbum. Demasiado barroco, sofisticado y maduro para la óptica de un adolescente. Con los años he vuelto a él de puntillas, aprendiendo primero a respetarlo y luego a amarlo, suplicando perdón sin palabras, como un hijo malcriado cuando se da cuenta que ahora es padre.

David Ackles murió tras cuatro álbumes, sin más reconocimiento que el de algunas voces aisladas –Elvis Costello es fan-, en 1999.