Los álbumes cuyas reseñas implican división de opiniones en los medios de comunicación me intrigan. ¿Qué le han visto unos que otros no le han sabido ver? Siendo británicos, tres estrellas en Mojo y Uncut significa tibieza para quedar bien. Prescindible, de hecho. El ocho del NME en cambio despierta la curiosidad: viene a decir que las revistas adultas no han captado algo inherente a la cultura juvenil.

Efectivamente, las formas musicales desplegadas por Frankie & The Heartstrings en “Hunger” (Pop Sex/ Wichita 2011) no aportan chicha relevante al guión del rock. Con una portada a lo Dexy´s Midnight Runners, una producción de Edwyn Collins que incide en lo primigenio carnal del soul, y la pasión acentuada de Frankie Francis vocalizando, es difícil no insistir en el espejo de Kevin Rowland. Pero, si nos abstraemos de nuestra obsesión necia valorando sonidos innovadores por encima de trabajos bien hechos, si conseguimos controlar nuestro voraz apetito por lo inaudito, pronto nos rendiremos ante el valor energético de este trabajo.

¿Las claves? En primer lugar, la sombra escocesa que revolotea desde el mismo título de una canción –“That Postcard”– y la crudeza de las formas que Edwyn imparte desde el primer álbum de Orange Juice y sus adláteres paisanos. Desde Josef K hasta los más contemporáneos Franz Ferdinand (que beben en “It´s Obvious” de Talking Heads). Tampoco se ha de olvidar la urgencia inyectada al pop por compañeros londinenses como los Bloc Party de “Silent Alarm”, o la misma sobredosis adolescente devolviendo la fórmula a la lozanía de las provincias –Arctic Monkeys– de “Don´t Look Surprised”. Sin embargo el verdadero éxito del álbum se ha de buscar en la combinación entre lo clásico y lo pegadizo, en “Possibilities” –con su teclado de feria tipo “Let´s Dance”-, en “Tender” o en “That Postcard”, donde triunfan estribillos peleones que huelen a bastardo, a otro padre, pero que se hacen igualmente –sobretodo uno tras otro sin tregua- querer.

Dentro de la infinita gama de sensaciones que van del placer al dolor, la patada en los huevos está en ambos extremos. Depende fundamentalmente de quién la da y quién la recibe. Cuando escucho un disco así, me pongo del lado de los primeros.