“A diferencia de otros grupos españoles bautizados con una palabra de un estado de ánimo que ofrecen una música que me provoca sensaciones que me remiten a su nombre o a cosas peores, en este caso puedo hablar de empatía y de emoción sin alboroto. De excitación sin pirotecnia. De familiaridad sincera y de extrañamiento intermitente. Y, bueno, al cabo de unas escuchas, efectivamente, de espanto, precisamente por esa empatía, por esa cosa tan grande de las canciones cortas que te señalan con el dedo, a ti y a lo que te rodea y a lo que has pensado mil veces y no has dicho ninguna.”

“Existen códigos manidos y no por eso ciertos. El flamenco es verdadero, pero no lo es más solo porque se cante con acento andaluz y gritando. Del mismo modo, esos grupos que no gritan y que parece que escriban sus canciones con zapatillas de cuadros o en pijama me han parecido siempre muy creíbles, o al menos los realmente buenos. Hacer las canciones en casa, sin que meta la pezuña mucha gente, en un entorno familiar, seguramente ayuda a decir según qué cosas sin vergüenza. Las de Espanto me parecen letras lúcidas, generacionales sin forzar nada, delicadas sin ser cursis. Alguien dirá que son fáciles, pero entonces yo les recordaré que escribir fácil es difícil y que algo difícil de leer normalmente no ha requerido más trabajo por el hecho de ser hermético. Creo que su costumbrismo con algún toque surrealista, incluso bucólico en la ciudad, los sitúa ante su negociación con un mundo que, la verdad, convendremos en que está montado por alguien o muy malo o muy tonto.”

“Es difícil buscar el extrañamiento, el espanto y lo surreal en lo cotidiano. Ellos lo hacen mejor que nadie, por ejemplo, en “Ciento volando”. El horror ante el reencuentro con tu pasado en una cena de alumnos, algo que ha sido medio abolido por esos amigos impertinenetes de facebook que creías que habías perdido de vista como se queman algunas etapas desagradables, es el mejor ejemplo y creo que les define.”

“En el caso de España creo que la cultura de música pop anda aún en pañales y con tacatá. Por un lado, los que ahora tienen más de treinta años formaron su identidad con canciones y me parece un signo de madurez personal e incluso de modernidad colectiva que escriban sobre los achaques e hipocondrías de cuando ya, por narices, te has convertido en adulto. Por otro lado, creo que, de forma indirecta, y esto es una teoría mía seguramente equivocada, el hecho de que el indie español no tenga la vocación de mainstream sin medios como sucedía en los noventa, el hecho de que la gente se haya centrado en hacer canciones, en explicar historias, en pasarse al castellano, en tocar su música al margen de una industria que se ha quedado desfasada, ha provocado que no haya desencanto cuando una banda no funciona al segundo disco. Que la gente siga escribiendo pasados los treinta años, no porque aspire a triunfar en la música, sino porque intentan no fracasar en su vida y porque, para no sentirse realmente fracasados, necesitan explicar sus propios y pequeños fracasos.”

“La línea que sigue Espanto sería ese pop que parte de la introspección y que, casi por azar, toma el pulso a cada época. Que no tiene vocación de abanderar nada ni de pastorear a nadie, pero que mediante las obsesiones y neuras totalmente personales e intransferibles conecta con un montón de gente que siente las mismas cosas. No es por su parecido en algunas canciones con las Vainica Doble de “Caramelo de limón”, que también, pero, por ejemplo, la sintonía de “Con las manos en la masa”, aunque la recordemos con una sonrisa bobalicona y chistosa, era tremenda y, sin ser nada pomposa, pulsaba su tiempo: era la mujer encadenada al fogón que intentaba comunicarse con su marido modelo ogro recitándole todos los platos en lugar de tirárselos a la cabeza. Su lenguaje eran los menús que cocinaba para su marido. Me parece tremenda y a la vez con un punto muy gracioso y fresco.”

“Creo que se inscribirían en esa tradición sofisticada sin ser pedante. También, evidentemente, en grandes grupos pequeños como Aventuras de Kirlian o unos Le Mans con cerveza en lugar de café con leche, con algo más de mala baba. Con grupos de K Records o de dream pop, en algunos momentos con aquellas bandas de los noventa en plan Eggstone, con las melodías psicodelicadas y algo desquiciadas de Television Personalities. Y, por eso de lo generacional y de los treintañeros que hablábamos, yo los veo conectados incluso con un grupo muy diferente : Los Directivos. “Ellas me llaman de usted” tiene un ojo clínico para analizar tanto esa edad como el hecho de tener esa edad ahora y aquí: lo patético, lo acomplejado, lo resentido, lo triste, lo bonachón y lo malvado que provoca hacerte mayor en la España actual. Me parece que muchos escritores escribirían novelas enteras con una sola de las ideas que aparecen de diez en diez en sus canciones: viajar a Viena en fin de semana, recibir vídeos cachondos por internet y mirar con nostalgia los tangas de las más jóvnes mientras tu cuerpo se deforma, en el mejor de los casos, cuando no en el paro, en una oficina. El ojo clínico para lo extraño en lo cotidiano.”

Conversaciones con Miqui Otero -autor de la novela “Hilo Musical” (Alpha Decay, 2010)- para el artículo de Espanto que hoy viernes aparece de portada del semanal EP3.