Primera hora de una mañana primaveral al borde del mar, absorto ante esta portada de tonos suaves. Todo encaja. Arpegios recorriendo la piel como un bálsamo paliativo contra ese sol que aún ha de crecer unas semanas para quemar en vez de calentar. Arpegios abrazados por cuerdas dulces, evocando cientos de postales beatas que ensalzan la naturaleza. Se puede aplicar tanto a lo que contemplan los ojos de un buceador en aguas coralinas como un excursionista sentado a la vera de un riachuelo serpenteando entre verdes prados. The Gentle Good es el alias apropiado de Gareth Bonello, un galés convencido que presenta los créditos de su segundo álbum “Tethered For The Storm” (Gwymon 2010) en formato bilingüe, repartiendo además las canciones en inglés y galés. Una vez, hace muchos años, me acerqué en coche a Gales y, recordando aquel paisaje hermoso, puedo en cierto modo entender la tirada hacia el folk de sus músicos (como todos la entendemos si se trata de irlandeses o escoceses: incluso comparten origen lingüístico, aunque de ramas distintas, con las raíces fonéticas celtas). Aquí lo lógico es apostar por la receta seguida por Bonello, la del intimismo de guitarras acústicas, voz muy cálida y arreglos de violines ofrecidos por The Mavron Quartet.

Dentro de este mundo restringido músical británico de raíces, The Gentle Good están más cerca del folk arreglado de cantautor que del instrumental. Más cerca de Nick Drake que de Stornoway. Algunas piezas empiezan azucaradas y pecan de minutaje excesivo: cinco minutos sedosos también pueden cansar –“Aubade” y “Pamela” hubieran sido perfectas durando tres-, sobretodo si se está enfatizando menos lo instrumental y más los textos (el idioma galés tampoco lo pone fácil). Ayudan a Bonello diversas personalidades de la escena regional, como Cate Le Bon en “Colled” o como Lisa Jên en el folk más profundo de “Deuawd”. A quienes les tienten estilos practicados por Fairport Convention –o, para el caso, Fotheringay-, Steeleye Span o Pentangle, también les sentará bien “Old Window Song”. Y sorprende que el tema más largo –ocho minutos- y supuestamente más representativo del álbum sea un instrumental tranquilo de frescura marina, a juego con esa primera hora de una mañana primaveral al borde del mar, clara, de bonanza apacible. The Gentle Good.