A finales del pasado mes de enero, un comment solicitó nuestra opinión sobre Sun Aiway, que habían publicado “Nocturne Of Exploded Crystal Chandelier” (Dead Oceans 2010) unos meses antes. Opté por el silencio, pues no tenía respuesta convincente sobre un álbum que me provocaba las contradicciones típicas entre lo que siente el corazón y lo que aconseja la razón. Han transcurrido otros tres meses, tiempo más que suficiente para una opinión, si no definitiva, al menos madurada. Pero sigo estando en las mismas. Con una salvedad: cada día el disco me gusta más.

Muchos ya hablan de lo perniciosa que acabará resultando la influencia de Animal Collective en el futuro de la música, y quizás un día no muy lejano esgriman este álbum como argumento. Desde la combinación entre diseño y color de la portada, hasta el método de búsqueda de la felicidad en una secuencia de acordes, todo huele a influencia del colectivo, sobre todo de las andanadas sublimes de Panda Bear. Carece del instinto aventurero de los de Baltimore, pero lo suple calcando sus maneras en un formato pop más digerible –synth pop– dentro de la gama de músicos que han despreciado por completo el papel de la guitarra. Muy en la línea de los que gustan a Pitchfork: cada canción de Sun Airway es un batiburrillo de sintetizadores funcionando en un bucle celestial sin fin. Y otra cosa: un día no muy lejano buena parte de esta secta reconocerá la enorme deuda contraída con The Russian Futurists.

De modo que uno anda mosqueado, sintiéndose culpable por abrazar un híbrido que sería un equivalente de lo que fueron Deacon Blue respecto a Prefab Sprout –o lo mismo que el primero de Keane respecto a los Coldplay deudores de Radiohead-, e incapaz de resistirse –como tampoco nos resistimos a Miracle Fortress: una buena melodía se mide en quilates- a la eficacia del truco montando juegos vocales tipo Beach Boys –a veces el tono nasal de la voz apunta a Ian McCulloch, como en “Shared Piano”– sobre la marejada de teclados. Pero si la música se basa en intentar alcanzar el limbo a través de una canción, y resulta que un grupo te instala en él desde la primera nota durante tres cuartos de hora, ¿qué más puedes pedir? ¿Que no te lo pongan tan fácil?