Cuando nada más arrancar “Child´s Christmas In Wales” sobresale el zarpazo de bottleneck, un escalofrío me recorre la espina dorsal. Tiene la firma inequívoca de Lowell George, el guitarrista de Little Feat, todo un síntoma de anomalía convertido, al menos para mí, en sorpresa agradabilísima. ¿Sorpresa? ¿Anomalía? ¿Por qué? Rebobinemos.

Si ya Nueva York en términos generales conlleva cierto sentimiento de insularidad respecto al resto de la nación norteamericana, el apartado musical no iba a ser muy distinto. The Velvet Underground crecieron como alternativa urbana al estereotipo suburbial abanderado en Los Angeles por The Doors. Desde el Pacífico vendían un tipo de sonido mucho más cercano al corazón de la pradera que el ruidismo culto proveniente de la costa atlántica, de modo que el arranque anacrónico del álbum “Paris 1919” (Reprise 1973) chirriaba en las orejas de los mentideros vanguardistas, sobretodo si nos atenemos a la discografía previa de John Cale, desde el coqueteo experimental junto a Terry Riley (“The Church Of Anthrax”) hasta los balbuceos filarmónicos (“Academy In Peril”).

La guitarra de Lowell George o el acompañamiento de otros dos miembros de Little Feat no era sin embargo lo verdaderamente sorprendente de “Paris 1919”, sino su sumisión incondicional a las mieles de la melodía, además de una manera mucho más ornamentada que aquellos esqueléticos arreglos para Nico en “Sunday Morning”, “Here She Comes Now”, etc. “Hanky Panky Nohow” refrenda la opinión que nos sitúa en las entrañas de un trabajo solemne con aspiraciones de engendrar canciones duraderas, eternas; canciones para todas las vidas: ésta y las que vengan.

Desde el mismo título no sabe uno si asimilar la música en un contexto supuestamente historiador o desde su realidad como álbum viajero. Las menciones geográficas –Beaujolais, Campos Elíseos, Tullerías– no se ciñen a la Francia de hace un siglo. “Andalucia” -¡qué gran canción!-, Gales, Dundee, Berlin, Antártida, Transvaal o Japón, cada pieza podría considerarse un viaje, una etapa de un ciclo, donde la mezcla de ternura y nostalgia golpea aún más contundente por venir de quien viene: un galés en Nueva York capaz de recordar a Graham Greene –por encima de Hemingway o Bowles– como símbolo del escritor nómada que ve la vida a través de un pasaje, aplicando la volatilidad trashumante de su experiencia a lo que mejor sabe hacer, sea escribir o componer.

Cuando nada más arrancar “Child´s Christmas In Wales” sobresale el zarpazo de bottleneck, un escalofrío me recorre la espina dorsal. Y pienso una vez más en Lowell George, en lo bueno que era y en su desgraciadamente prematura muerte en 1978. Él no estará presente en el auditori del Primavera Sound el próximo día 28. Colosal “Paris 1919”.

PD: Ojo al currículo del productor Chris Thomas. Tocó los teclados en “Son Of My father” de Chicory Tip, mezcó “The Dark Side Of The Moon” de Pink Floyd, coprodujo “Never Mind The Bollocks” de Sex Pistols y produjo, entre otros, “Wish You Were Here” de Pink Floyd y “Different Class” de Pulp.