Tuve la oportunidad de entrevistar a Alan Sparhawk hace diez años para Rockdelux con motivo de la publicación de “Things We Lost In The Fire”. Alentado por las sensaciones que entonces me transmitía la música de Low, escribí este despiece:

Rara vez un solo nombre ha definido a un grupo con semejante precisión. Low. Todo lo referente a ellos encaja en un mismo concepto. Música asombrosamente lenta, de solemnidad casi litúrgica y de tristeza sublime. El acorde que irrumpe rodeado por su séquito de silencio. Cuando Mimi o Alan abren la boca, nuestras heridas se agrandan y a la par empiezan a sanar. Esbozan paisajes de nieve y frío, de páramo monocolor, de sentimientos en la frontera de la sensibilidad, a caballo entre la mística reverente y el susurro del pecado. Escuchándolos, no sabes exactamente si su música quita el aliento o convida a dejar de respirar. Y de pronto captas la profunda intencionalidad de cada una de las contadas notas, la infinita melancolía del acabado retocada con una leve pero sugerente pincelada de psicodelia, el discurrir tan suave que a veces un pestañeo causa más estruendo que su música. Fragilidad minimalista. Paz torturada. Música de olores: allí está la fresita de bosque conviviendo con las flores bastardas que brotan bonitas a la vera de las lápidas. No esperes conocer todos los recovecos de sus canciones, para ello se necesita estar preparado y de un humor especial. Ellos te ayudarán a llegar a ese estado de ánimo. Low son el transporte. Incluso a menudo no soportas el fragor de la intensidad y apagas el reproductor. Y apagas la luz. Y quedas a oscuras.