
Imagino nacer con otra vida. Reencarnarme. Si puede ser como ser humano, con un cuerpo más sano y más sexy, mejor. ¿Pido mucho? Claro que me puede tocar minero andino, traficante de diamantes africano o monje tibetano. De poder elegir entre las tres posibilidades del ejemplo, prefiero la última. Una vida ascética rodeado de aire puro en comunión contigo mismo, dedicando horas a reflexionar sobre el origen del término Annapurna mientras espero a que aparezca por el sendero un joven con flequillo llamado Tintín. [Más...]



