Cada oveja con su pareja. Escasos son los músicos de color que han triunfado con música blanca. Y casi tan escasos los ejemplos recomendables de blancos probando con música negra. En Gran Bretaña sin embargo lo siguen intentando, seguramente debido a que sus ciudadanos de origen africano vienen de una educación puente caribeña, quedando un hueco para los blancos avispados –desde Robert Palmer a Jonathan Jeremiah, pasando por Alison Moyet, Hot Chip, etc etc etc- que han incorporado elementos negros a las tendencias de cada momento.

El origen costero –Devon– de Joseph Mount marca el olor de “The English Riviera” (Because 2011), tercer álbum de Metronomy que hace hincapié en un pop más trabajado. Desconsuela en primera instancia esa falta de músculo vocal tan británica –tan alejada del funky– que suele predominar en tales casos –por su voz sabes que los discos de Level 42, Paul Weller o Damon Albarn no son norteamericanos- aunque se compense en muchos de ellos –el bajo gay eighties tipo The Communards o Sylvester de “The Bay” bien podría colar en el repertorio de Empire Of The Sun– con soltura. Metronomy trabajan con patrones elegantes, de los que patentaron Steely Dan –piano eléctrico de “Some Written”– para gozo de sucesores como los primeros The Bees, Field Music o incluso –con los matices electrónicos de rigor- Hot Chip, exprimiendo esporádicamente su vena retro –no sé si “Corinne” suena a Thompson Twins, Eurythmics, Depeche Mode o a una papilla opaca de los tres- de distintas épocas –la voz femenina de “We Broke Free” con flujo Stereolab– sin que se perciba como refrito. Si acaso, este deje mustio insinuado previamente que tan bien reconvierten en elegancia es parte de un problema también convertido en solución. Verano en la costa.