Una de las vallas más difíciles de saltar para mí a la hora de escribir es la que separa los discos que me gustaría que me gustasen de los que verdaderamente me gustan. Me gustaría que me gustase más James Blake. Porque mola que diga que me gusta. Pero me gusta mucho más James Vincent McMorrow, hecho que mola bien poco. ¿Debo flagelarme por ello? No pienso hacerlo.

James pertenece a la estirpe de cantautores clásicos educados en la manera de arreglar canciones –vertiente clásica- que ahora se estila. Podría haber tenido éxito hace cuarenta años con una guitarra acústica y una armónica, o con un piano. Irlandés como en el caso de Villagers, se encerró medio año en una casa en la playa a solas con todos los instrumentos que sabía tocar, y le salió “Early In The Morning” (Believe 2010/Vagrant 2011), trabajo que, tras pasar desapercibido el año pasado, ahora está despegando con todo merecimiento. En él se recogen bastantes de las virtudes exigibles a un cantautor moderno. Versatilidad instrumental, una voz atractiva entre Antony Hegarty y John Martyn –rasposa pero dada al falsete- y sobre todo el don de manejar la accesibilidad con gusto –suena a pop, pero se transmite con trascendencia rock– como los mejores –pienso en Ron Sexsmith– compositores atemporales. Con una sobriedad aplastante atrapa desde el primer minuto –“Hear The Noise Tha Moves So Soft And Low”– sea con base de piano o de guitarra –“Sparrow & The Wolf”-, elegante, clásico, frondoso –en las antípodas del minimalismo de Blake, de ahí la mención inicial- y con una sensibilidad –a veces desmedida, como Antony– que enseguida conmueve. Un ejemplo: cada vez que llega en el estribillo de “We Don´t Eat” la frase `we don´t eat until your father´s at the table´, se produce un instante de emoción indescriptible que no tiene nada que ver con los arreglos –sería lo mismo a capela que con una filarmónica- sino con el apareamiento de estas notas con este texto. Reasaltar también que es más intensa la primera mitad del álbum que la segunda, aunque en esta última se ubique una de mis favoritas –“And If My Heart Should Somehow Stop”– que podría resumirse como un cruce entre “Mr. Bojangles” y una balada soul.

Canciones de las de siempre, de las que pillan series como “House” para terminar capítulos. Solo que el nivel de esta docena configura un álbum para atesorar.