La paja en el ojo ajeno y la viga en el propio. A veces nos quejamos de actitudes talibanes en el negocio musical sin darnos cuenta que nosotros también caemos en ellas. Jonathan Jeremiah, londinense perteneciente a una major –aunque antes del independentismo una de las más fiables- como Island, con camisa desabrochada y melena de ligón de verano: definitivamente su imagen no coincide con el perfil de mi discografía.

El perfil del álbum “A Solitary Man” (Island 2011) sin embargo pica mi curiosidad lo suficiente como para girar la carátula en busca –la tonta añoranza- de la olvidada composición de Neil Diamond. En vano. O no tanto. Una vez ya puestos, al menos escuchémosle. Y aquí llega la primera gran sorpresa en forma de orquesta suntuosa, desplegando sus alas para que una voz –masculina, convincente- vuele transportándonos a aquellos días de playas californianas al sol del atardecer de 1968, cuando “McArthur Park” –de Jimmy Webb, cantada por el actor Richard Harris- llenaba los corazones más ávidos de melancolía. Días de Scott Walker, Glen Campbell y “Young Girl” de Gary Puckett & The Union Gap, pero sobretodo días de Jimmy Webb. Sin ser Jonathan Jeremiah más que una buena voz con grandísimos arreglos –Bernard Butler y gente de James Brown y de The Roots arropando-, la calca de una época inolvidable –con toda la épica a cuestas- da el pego. Podríamos buscarle los inconvenientes a una “Heart Of Stone” demasiado deudora de ese vigor sobrado de Tom Jones, pero no sería justo si no ponemos también al otro lado de la balanza la exuberancia orquestal de “If Only You”, “That Same Old Line”, “How Self-Heartedly We Behave” o “See (It Doesn´t Bother Me)”, cremosa, directa a los sensores del placer, o la escueta base acústica de la canción titular. O una enganchosa “Happiness” que ya ha tenido remezclas de Morgan Geist y Quiet Village. O el final tan clásicamente soul con “All The Man I´ll Ever Be”.

Podría haber pasado por alto este álbum solo mirando la portada. También si hubiese hecho caso a algunas reseñas que casi lo comparaban con Michael Bublé. Suerte del título. No es el Neil Diamond de “Stones” pero –aún consciente de que hay más mimetismo que actitud- a su manera también atrapa.