Todos lo dicen, y escuchado lo confirma: el disco de Beach House del 2011 corre a cargo de Wye Oak. Demasiadas similitudes. Pareja que empieza con más promesas que realidades, dejando constancia del potencial melódico aunque sin terminar de concretarlo en canciones inolvidables, y que de pronto encuentra el punto intermedio anhelado donde anidar dando una simple vuelta de tuerca apenas perceptible. Se nota al minuto y medio de empezar a rodar “Civilian” (Merge 2011). Cuando en “Two Small Deaths” sueltan Jenn Wasner y Andy Stack el arpegio en busca del limbo. Cuando agarran el dramatismo por los cuernos como Trespassers William –imposible no recordar “Just Like This” mientras suena “The Alter”– y lo convierten en plasticidad. Se podían haber quedado en la autovía tortuosa que separa su derivado de country folk de las fórmulas de 4AD –arpegios y voz femenina de “Dogs Eyes”, o la melancolía post-rock a cámara lenta de “Plains”– pero han preferido explorar la mística que apuntaban sus maneras desde un formato pop con estribillos dulces: temo que van a tener que cargar con la sombra de “Teen Dream” para siempre. No creo que les importe a la vista de lo obtenido. Un estado de gracia sublime que se consolida en “Hot As Day” –el shoegaze ensoñador haciendo diana- y alcanza el nivel máximo en una “We Were Wealth” de sensibilidad al límite, con un acorde brutal desplomándose en la cuba de electrolitos donde se bañan los ángeles. La cuba del agua bendita y pura, de electricidad beatífica, ante la cual solo cabe agradecer que te permitan participar en la inmersión.