Me captan por su nombre, confieso. Supongo que tendrá que ver con las raíces de Mei Yau Kan, la chica de facciones asiáticas que forma parte de Hong Kong In The 60s junto a los británicos Christopher Greenberg y Tim Scullion. Me captan porque estuve en Hong Kong la pasada primavera tras veinte años sin pisarla. Hong Kong in the early 90s me hubiese enganchado aún más.

Este antiguo Gibraltar asiático con cláusula de retorno, al revés que China, apenas ha sufrido cambios externos –visibles al turista- tras la supuesta anexión parcial del gigante/hermano/vecino. Ahora cuesta ver saipanes en sus aguas, ya no aterrizas con maniobras suicidas en el antiguo aeropuerto en el centro de Kowloon, los autobuses británicos rojos de dos pisos han sido modernizados –predomina el granate- y siguen circulando a toda leche por Nathan Road, la arteria más emblemática –la que contiene la golden mile- de la densísima metrópolis. El repiqueteo seco de sus semáforos ayuda a los ciegos pero trepana las neuronas del resto de transeúntes, que acaban buscando refugio en los centros comerciales lujosos –impersonales también por su frialdad- en busca de algo de frescor y silencio.

Con todo, a pesar de la ausencia de cambios, me embarga una nostalgia irracional –la nostalgia suele producirse ante los cambios irreversibles, no cuando las cosas siguen igual- cuya causa intuyo se debe a que soy veinte años mayor. Ando Nathan Road desde abajo hasta arriba durante unos cinco kilómetros, desde Tsim Sha Tsui hasta Sham Shui Po, como un autómata, sorteando el mar de rostros amarillos inescrutables en cada esquina. Toc, toc, toc. Cruza. Toc toc toc toc toc toc. Para.

Relacionar la ciudad con la música de Hong Kong In The 60s recurriendo a la nostalgia puede parecer pillado. No lo es, siempre y cuando nostalgia tenga que ver con las bases de Sarah Records, una voz femenina susurrante, el tono lánguido, el teclado tontorrón y las cajas de ritmos. “My Fantoms” (Proper Songs 2011) fluye tranquilo y etéreo, sin novedades más sobresalientes que las que emanan de tres corazones castigados por el amor. You can take a heart but you cannot make it beat. Si además has teloneado a The High Llamas, sabes apreciar el valor de lo terso y de lo que se puede conseguir insertando un punto experimental en la vertiente mansa de lo metronómico (Sean O´Hagan lo demostró suavizando a Stereolab hasta rozar el éxtasis).

Beside her bed you wait til daybreak lights upon her face. She whispers through the haze and drags you back to younger days. Nostalgia caramelizada a granel a la espera de que refresquen las temperaturas y nos refugiemos en el vientre de estas doce piezas sin demasiadas aspiraciones. Salvo la de confortar.