Había decidido pasar por alto este álbum. Demasiado conciliador en las formas. Demasiado deudor de un tiempo, un lugar y unos valores que, en pleno 2011, huelen a anacronía oportunista. Pero teniendo en cuenta que no obvié el anterior –menos bueno- y, como pienso que algo le debo a Jonathan Wilson por esta grandísima joya que es “Gentle Spirit”, además de considerarme de algún modo fruto de unas sensibilidades propagadas por el Jackson Browne de “Late For The Sky” y “The Pretender”, pues moqueta roja y genuflexión reverente a “Nothing Is Wrong” (ATO 2011) de Dawes.

Por coherencia no esconden sus cartas; yo diría que más bien llevan el DNI en la frente. Son tan extremadamente easy going como compadres predecesores –Eagles– y abren con Los Angeles en la punta de la lengua, dejando fluir su música como el tráfico a 55 mph camino del aeropuerto en Manchester Avenue, o aparcado comiendo una hamburguesa en Glendale, en un atardecer dominical. Eso por fuera. Cuando ya entramos en la lástima dulce de sus estribillos, en el compás de “My Way Back Home”, “Fire Away” o “A Little Bit Of Everything” tan cercano al maestro Browne, el alma se nos ensancha. “Nothing Is Wrong” trajina con el factor humano; con lo que recoge, acoge y protege; sintoniza y comprende; lo que fue, fuimos y ya no se es.

Quisiera aprovechar para advertir que la devoción por Los Angeles no ha de sufrirse, y no se sufre en mi caso, como un dogma de fe promulgado en 1965, sino como un valor adquirido , cuando la caída sobrevino al auge, a través de músicos que emigraron –Gram Parsons mismamente- para documentar la decadencia californiana: cantautores atribulados y músicos positivos –algún pasaje de guitarra aquí suena a Ry Cooder o al malogrado Lowell George– que crearon una nueva comunidad más acomplejada y menos progresista, aunque también menos panfletaria, que los voceros de San Francisco.

Dedicado a Andrew Gold, recientemente fallecido.