Amanece en algún lugar del mundo cálido en la estación de lluvias, dejando entrever una luz suave grisácea tras las cortinas. Se adivina que el sol anda desparecido al no escucharse el canto de los pájaros. Es una sensación de belleza diáfana y tangible, arcaica, entrañable, sustentada por el olor a humedad, la propia del orden natural de las cosas. El mundo gira a su manera, no a la nuestra: otro día perdido sin playa. Dediquémonos pues al inmenso placer de escuchar música cuando las cosas medio se tuercen.

Me gustan los sonidos tranquilos en tales condiciones. Y me gusta coquetear con la idea –improbable aunque no imposible- de que Jerry DeCicca ha puesto el nombre del grupo The Black Swans como homenaje al álbum de The Triffids. Una teoría argumentada en la debilidad de los australianos por el country, reflejada asimismo ahora por los de Ohio desde un prisma perimetral, en los confines de la penumbra que sugiere con voz más grave Kurt Wagner. Y ahí sí que las comparaciones van encaminadas. “Don´t Blame The Stars” (Misra 2011) posee la confidencialidad de las tinieblas dulces de Lambchop, incluso juega con un cóctel similar de country y soul: Jerry titula una canción “Joe Tex” añorándole en una intro que también menciona a otros grandes (conocidos y no tan conocidos: por ejemplo el Arthur Alexander que compuso “You Better Move On”, también a reivindicar en la fantástica versión de The Rolling Stones). En otra intro, la de “Blue Bayou”, rinde tributo a personajes tan distintos como Charlie Rich, Prince o –apunten la debilidad de Jerry por el reggaeThe Royals y Gregory Isaacs.

Así, narrando entre canción y canción, se forja una telaraña emocional única, incrementada al saberse que el violinista Noel Sayre murió tras la grabación en 2008. “Don´t Blame The Stars” tiene tantas pequeñas cosas y claves a descifrar que, sumadas, conforman una gran obra. Solidaria y compañera en espera de la luz. Amanece. Que, como diría Kurt Wagner, no es poco.