Atención, club exclusivo con requisitos insoslayables: mínimo cinco álbumes (y con nota).

“The King Of Limbs” (Radiohead). Muchas ganas tienen demasiados de finiquitar su reinado. No quiero pensar que las críticas adversas se deban a que el mismo grupo ha enfocado la promoción como la de un álbum menor. Que ya no están en su época dorada, cierto. Que los cambios de los tiempos pueden ir en su contra, también. Pero no diviso un relevo que compagine intensidad, talento y populismo capaz de hacerles sombra. Están por encima del bien y del mal. Aún. Es más, siendo sincero y comparándolo con otros discos, “The King Of Limbs” –sea en versión original como en la reveladora colección de remixes “TKOL RMX 1234567”– debería haberse posicionado entre mis veinte favoritos. Se trata sin embargo de dejar que entre aire fresco.

“The Whole Love” (Wilco). Lo dicho acerca de Radiohead casi –excepto lo referente a la promoción- sería perfectamente aplicable para calificar el álbum de la gente de Tweedy. Más información en este post.

“Bad As Me” (Tom Waits). En la polémica suscitada por la sobredimensión mediática del último Tom Waits, estoy a medio camino. Tan apasionado, voluptuoso y apocalíptico como siempre, arrolla tus sentidos con los mismos trucos, incluidos los de romántico empedernido (“Back In The Crowd”, “New Year´s Eve”). Solo que a estas alturas, si no aporta algo muy novedoso, disfruto de sus latigazos –“Satisfied”– sin la obligación de endiosarlo.

“Mylo Xyloto” (Coldplay). ¿Saben por qué me gustan Coldplay? Porque sus canciones me llegan en la forma apropiada para perdurar. Es decir, cuando una canción te gusta a la primera, malo para el futuro. Las de Coldplay siempre me decepcionan inicialmente –cosa rara teniendo en cuenta su accesibilidad- hasta conseguir una plaza como fijas. Hace dos meses no apostaba un céntimo por ninguna de las nuevas. Ahora ya he cogido apego a la mitad. No es buen promedio comparado con álbumes predecesores, pero todo se andará. De manzanas y madera.

“Wolfroy Goes To Town” (Bonnie Prince Billy). Retorno a las letanías. Oldham en mi territorio favorito. Post en preparación.

“C´mon” (Low). Cuando sonidos otrora vitales producen –porque, de tan personales, no permiten grandes mutaciones- sensación de rutina, apenas quedan ganas de escribir de ellos. ¿Entonces a Low se les ha pasado el arroz? Rotundamente no. Siempre, tarde o temprano, llega la hora de ingerir su fármaco, con la boca chica, sin ponerlos en las listas –porque ya no viste- ni propagar nuestras debilidades. Excitantes a estas alturas, no. Predecibles, quizás sí. Necesarios, seguro.

“Build A Rocket Boys!” (Elbow). Suavemente trepan –desde el primer tema “The Birds” de ocho minutos- a sus cotas habituales, como si tal logro careciese de mérito y la majestuosa belleza desplegada estuviese al alcance de cualquiera. Es tan grande –musical y humanamente- este álbum que aúpa a sus autores –ya con un currículo discográfico de peso- a la misma categoría que Radiohead. El sello Elbow, como garantía de credibilidad, ya no necesita el aval de una buena posición en listas. Estas minucias quedan para quienes aún no han llegado a su nivel.

“Parallax” (Atlas Sound). Bradford Cox, otro cuya carrera –como Deerhunter o Atlas Sound– ya no admite recelos. Post en preparación.

“El Camino” (The Black Keys). El aumento de la cotización del dúo gracias a “Brothers” –me faltan en “El Camino” un par de cortes finales de soul añejo-, lo directo del enfoque blues –sobre todo con The White Stripes fuera de circulación-, el volumen ya considerable de su discografía, y el reconocimiento del mercado –la guinda del pastel: producción de Danger Mouse-, todo junto les etiqueta como clásicos. Post en preparación.

“Kiss Each Other Clean” (Iron And Wine). Solo los cantautores con una fuerte entereza mental –además de talento- pueden abrir la paleta hacia otros estilos, cuando lo fácil es aportar más de lo mismo. Sam Beam lo está intentando y parece a punto de encontrar una veta nueva: más aperitivo que álbum definitivo; eso sí, de sabor exquisito. Ha entrado en esta lista con solo cuatro álbumes en estudio, pero es que su recopilación de sobras vale por un quinto. Más información en este post.

Repasando los nombres aquí presentes, muchos los firmarían en orden distinto –y eliminando un par de ellos, seguramente a elegir entre Coldplay, Elbow y Radiohead para no perder puntos- como sus discos del año. O sea, elaborar listas no tiene más sentido que reflejar los gustos de alguien en aquel momento. Tres días después ya no sería la misma.