
Con permiso de la Harvey y de Annie Clark, más conocida como St. Vincent.
“50 Words For Snow” (Kate Bush). La gran dama se regodea en el frío. Es éste su álbum más formal y alejado de las piruetas estilísticas. Base de piano para una mayoría de canciones –largas todas: siete en una hora- desarrolladas con guión parsimonioso, reflejando la serenidad de una mujer madura en su plenitud. Consciente de que no solo hay que saber volar acrobáticamente, sino también aterrizar con elegancia. Y, sobre todo cuando se pasa de los cincuenta, sin romperte nada ni quitarle un ápice de personalidad a tu universo. Post en preparación.
“A Creature I Don´t Know” (Laura Marling). La británica en pleno crecimiento. Cada vez menos encadenada en el esquema de folk tradicional, se atreve con vehículos alternativos para encarrilar sus inquietudes. Prueba la fórmula Joni Mitchell acercándose a un tono confesional con elementos de jazz que abren la ventana para respirar. Intenta morder crudamente como otrora PJ Harvey. Y también busca al final del álbum –aquí rozaría los tobillos de Mary Margaret O´Hara- la redención a base de conjuntar guitarras acústicas enfebrecidas y loas con matriz gospel. Excelente promedio a tenor de su edad.
“The Harrow And The Harvest” (Gillian Welch). Resonancias venerables, con acritud –o sea blues, aunque interprete folk- y carga de profundidad. Nunca he conseguido penetrar a fondo en su arte, quizás por percibirla demasiado plana, formal, y de un triste sin contrapunto. En estilos tan rígidos se agradece mayor variedad. ¿Soy yo, o es que la Welch jamás ha parido una canción enteramente dulce? En cualquier caso, ateniéndonos a otros parámetros –como sensibilidad o cariño-, otro buen disco suyo.
“Tumble Bee: Laura veirs Sings Folk Songs For Children” (Laura Veirs). A priori nada induce a pensar que un álbum dedicado a canciones de folk para niños pueda –ya ni digo acabar en la lista de los mejores- trascender, por muy experta que sea su intérprete. Laura Veirs sin embargo, a base de mucha sencillez y aún más dinamismo, ha aprovechado sabiamente el contagio de energía capaz de generarse en un entorno así, con esos coros de voces jóvenes empujándole a sacar chispas brillantes de cada nota. Tanto en lo vocal como en lo instrumental. Especialmente adecuado además “Tumble Bee” para estas fechas familiares con los corazones reblandecidos por las buenas intenciones. A disfrutarlo.
“Medals” (Feist). Prefiero la acústica conciliadora del final del álbum, como la de “Cicadas And Gulls”, la bellísima “Get It Wrong Get It Right” o parte de “Comfort Me”. Esa persistencia en realzar la cara arisca de Feist puede estremecer en “Anti-Pioneer” cuando el dramatismo golpea nítido, pero en determinados momentos la contundencia del ritmo obstruye lo sensible. Y ya se expone en el motivo de la portada de “Metals”: ella, como la naturaleza, puede vestirse de varios colores según el clima. De la ventisca del desfiladero Leslie suele protegerse en su cueva.