“A Solitary Man” (Jonathan Jeremiah). Como un Jonathan Wilson atlántico en clave multinacional. Orquestación en cinemascope apuntando a las mismas fechas desde una perspectiva no tan distinta. Cuando no ejerce de Tom Jones se acerca bastante al tipo de recuerdos que me gusta tener de una tarde de finales de 1968. Desde Galveston o Wichita (por lo de lineman) a El Prat, soñando con ver aterrizar aviones de Pan Am, o de cuando British Airways aún se dividía en BOAC y BEA. Sigo sin poder describir el complejo que me impidió incluirlo en la lista grande. Excelso. Más información en este post.

“Bad Penny” (Spectrals). La instrumentación no ha mejorado. Sigue algo torpe, lo cual en cierto modo contribuye a realzar lo añejo pues el halo ambiental consigue traspasar al oyente. Echarle en cara la poca musculatura en la composición, porque no llega a los niveles de Richard Hawley o The Last Shadow Puppets, tal vez sea cagarla: apostaría a que Louis Jones tiene ambiciones ocultas que no pasan por este carril. Se le ve a menudo enfundado en una camiseta del Barça.

“Miles Kane” (Miles Kane). Ya que hablamos de The Last Shadow Puppets, no apunta a través de la entrada –“Come Closer”– intenciones de buscar la misma pátina que junto a Alex Turner. El retrovisor sin embargo se ha instalado algo más cerca, buscando una mayor apertura de ángulo para captar épocas diversas: “My Fantasy” es puro T.Rex, mientras “Inhaler” y “Telepathy” destilan groove, quedando solo “Rearrange” y “Take The Night From Me” como botones de sus andaduras pasadas junto al cabecilla de Arctic Monkeys.

“Street Of The Love Of Days” (Amor De Días). Jefe de The Clientele se asocia con la voz femenina de Lupe Núñez-Fernández, grabando parte del álbum en Madrid. La veta nostálgica de Alasdair MacLean queda eclipsada por un tipo de fragilidad de distinta –aunque igualmente invernal- ensoñación. Cae alguna revisión, como la de “Harvest Time”.

“Cape Dory” (Tennis). Brill Building sin coartada. Sin aportaciones al mundo mundial de la música. Sin siquiera una imagen sugerente (¿han visto portada peor este año?). Las canciones en cambio suenan a delicioso néctar de los siete mares, intrascendentes y felices. Viéndoles al atardecer, cerca de la playa en el Primavera Sound, me puse tontorrón gozando de la revelación del nacimiento del pop.