Aunque históricamente el segundo álbum “In Evening Air” quedará como su trabajo rompedor, es “On The Water” (Thrill Jockey 2011) el que sube el peldaño comercial definitivo en la carrera de Future Islands. Obra cuyo mayor mérito es el de combinar una pasión vocal desabrida con la elegante contención instrumental del pop más inteligente; el que sublima los pequeños detalles.

La comparación que dejaría mejor parados a Future Islands –y de paso explica ciertas características estructurales de su sonido- es la de Pulp justo antes de la época dorada, con un plus de synth pop. Salvando, eso sí, distancias tan decisivas como los textos de Jarvis Cocker. Deleitándose con la carga pasional adolescente de “Before The Bridge” o de la segunda parte de “Close To None” –tan disco como unos Pet Shop Boys en versión espartana con el monstruo de Les Savy Fav al micro-, con los contrapuntos vocales de mesura tan desmesurada; con el galope sobre prados aterciopelados de “Balance”; con la épica de karaoke de “Give Us The Wind”; con el minimalismo de “Open”; y con la magnificencia de lo que podría ser más grande que la vida misma, ese baladón que nos ha sido negado durante décadas y que de pronto se despereza en “Grease” como epílogo capaz de erizar el cabello del más calvo de los mortales, dejando sin habla, estupefacto. Artillería presuntamente obsoleta disparando ráfagas de alcance similar a la munición tecnológica de última generación. Escondida tras el mecer de las olas, cuyos sonidos acompañan parte de las canciones de este álbum, con los latidos de Sam T. Herring batiendo en cada una de las sílabas –what happens to youth? what happened to truth?– combinando lo sobrio con lo esperpéntico. Tan recomendable a los hipersensibles como a quienes padecen atrofia emocional.