Caso típico de otro que reduce la marcha: de miembro de grupo de rock –en Verbena se llamaba Scott Bondy- a cantautor de tono más reposado bebiendo de raíces. Tras dos álbumes de formas suaves, A.A. Bondy busca reflejar toda la intensidad que puede expresar en solitario con “Believers” (Fat Possum 2011).

Y, cuando digo en solitario, no me refiero a si le acompañan más o menos músicos, sino en lo solitario emocional. Desde la portada tan elocuente, con esa figura y esa pose atrapada en la ráfaga de luz en medio de la noche, intuimos que aquí se cuece un menú que va más allá del postre dulce. Bondy no olvida –“The Twist”, eléctrica abrasiva- pero está perdido en otro marco mental. Como Bruce Springsteen en los días de “Nebraska”“Skull & Bones”-, su tristeza está al límite de lo que un enganchado al rock puede aguantar, y esa vía de escape expresiva le da alas para destriparlo todo antes de pasar página si no quiere, como Will Oldham –podría ser suya la entrada de “Surfer King”-, quedar preso de ella durante media vida. Y si lo expresa mediante un lenguaje que suscita dudas, mitad indie mitad rock clásico –esquirlas de Tom Petty en algún tramo-, en cambio el acabado –la electrónica terminal con que nacen y mueren muchas de las composiciones- y el hecho de acaparar todas las variantes que podemos entender como nocturnas –ya intuidas en el poso inicial tipo The Cure de “The Heart Is Willing”- configuran juntos una atmósfera dramática como pocas.

Por otro lado, sin que tengan mucho que ver –aparte de cierta similitud con el boss en el primero, y el uso de la guitarra country en el segundo- me recuerda casos como los de Lee Fardon y Lee Clayton. Rezo para que, al revés que ellos, este trabajo de A.A. Bondy no pida a gritos un rescate, al cabo de tres décadas, del baúl de los olvidos.