En 1991 se publicó un recopilatorio con canciones de Leonard Cohen recreadas por músicos admiradores, el genial “I´m Your Fan”. Allí descubrí que no solo era yo, que eran muchos –y de varias generaciones-, algunos insospechados, quienes habían sucumbido bajo el yugo poético del canadiense. Uno de los participantes en aquel evento es Peter Astor.

Después de década y media, en 2005, Peter decidió quitarse la última vocal del nombre: precursor de recortes. Teniendo en cuenta su encomiable dinamismo evolutivo –camaleónico- y su escasísima resonancia –cargando con los rasgos imputables a un perdedor-, no era de extrañar un último desesperado cambio de denominación. Atrás quedaba el puñado de singles en The Loft, las buenas referencias de The Weather Prophets, la intermitente discografía solo o el espíritu aventurero –mezclando el pop de ribetes acústicos con más o menos electrónica- de The Wisdom Of Harry y Ellis Island Sound.

La herencia de Leonard Cohen sigue bien presente en “Songbox” (Second Lenguage 2011). En casi todas las canciones: “Dead Trumpets”, “Slip Away” o la preciosa “The Perfect Crime” por ejemplo. Más arregladas que el referente pero con menos chicha poética. Astor prueba pisar senderos vecinales –folk con almíbar en “Sleepers”, pop en “Look Away”– sin importarle la mayor o menor prestancia que su alcance vocal pueda aportar: lo hace desde la más pura convicción de quien lleva muchísimo tiempo en ello. Del que sabe de la valía de la experiencia y de que ésta solo estará al alcance de los más inquietos adolescentes.

El álbum viene acompañado por otro con versiones de los once temas a cargo de amiguetes como Let´s Wrestle, Pete Greenwood, Piano Magic, The Raincoats, Comet Gain, Patrick Fitzgerald o su compañero de batallas Darren Hayman.