Una trayectoria como la de Will Oldham, longeva y a su modo variada, forzosamente ha tenido etapas que gustan más a unos que a otros. Yo soy un adicto a la primera, la de Palace –Brothers, Music, Songs o a secas- y el dramatismo espartano, aunque mis álbumes preferidos son “Ease Down The Road” –ya como Bonnie– y, paradójicamente, una recopilación no muy alabada de aquellos días llamada “Lost Blues And Other Songs”. Como se me ha hecho difícil a lo largo de estos años justificar esta predilección mediante un discurso entendible, lo he ido solventando con evasivas resignadas: porque es el tipo de tristeza que asimilo mejor; porque contienen las melodías que le pegan a su voz; porque se percibe una armonía entre la semilla de cantautor y las bases de folk que abastecen al country; o porque…¡yo qué sé por qué!

El caso es que hacía años que no sintonizaba con una obra del responsable de la marca Bonnie Prince Billy como con “Wolfroy Goes To Town” (Domino 2011). Tiene una personalidad similar aunque no igual a la de sus primeros discos: lo introvertido esta vez, al reducir la eléctrica e incrementar la acústica, se percibe mejor si eres adepto a las leyes clásicas. O sea que, después del excelente inicio con una “No Match” –ojo al texto: I´m no match for those who love the lord, and they are no match for me– cercana al vals country desvencijado de antaño, florece un ambiente tranquilo, de silencios, capillas y plegarias, arropado por la voz femenina de Angel Olsen –angelical la voz es- que conduce inevitablemente a la comparación con un hipotético Leonard Cohen alternativo –¿y eso, escuchando “We Are Unhappy”, no sería el Iron And Wine de “Our Endless Numbered Days”?- elevado a los altares: cinco de las diez canciones se refieren en un momento u otro a Dios. El intimismo llega a ser tan desnudo, que un efecto de emoción minimalista como un golpe de cencerro –“Cows”- suena atronador. Vuelta al espectro del Don McLean de la quietud desoladora, del discurso impregnado con incienso y liturgia. Con solo un poco más de compasión melódica hubiera sido el álbum del año. Lost mornings just start my days, and questions rule my words.