Que un canadiense grabe en Bahamas –o sea, que su cuerpo reciba vitaminas de los rayos solares- puede producir música como la ofrecida por Sandro Perri en “Impossible Spaces” (Constellation 2011): el encuentro con el calor de un hombre que huye del frío, cuando se abren los poros eliminando toxinas mientras el cuerpo, ávido de frescor, devora líquidos insaciable.

Teniendo en cuenta el equilibrismo necesario para que un músico con genética experimental facture música accesible, lo de Perri es de matrícula de honor. Cuesta creer que puede mantener el espíritu conciliador –ritmo, melodía, electrónica, étnica- de Holger Czukay en el magnífico “Movies” hace tres décadas –la segunda mitad de “Changes”-, y que además lo haga según los pactos de sangre de la sociedad formada por voces que cambian el tono de una sílaba a otra (tipo Sufjan Stevens, Andrew Bird, Rufus Wainwright, Antony, etc). No es tan instantáneo como para entrar enseguida, pero el hecho de que se tome su tiempo juega a su favor; como el coqueteo de un seductor experto. Especial hincapié merecen, además de la africana, sus incursiones en el universo de la samba y las distintas maneras de abordarla. “Love & Light” está cantada con negritud, mientras en “Impossible Spaces” se entretiene en otra variante de esbelto corpiño –¿o debería decir corpinho?-, dotando al conjunto de un algo viajero –colabora Ryan Driver-; aventura y búsqueda dentro de los cánones admitidos como “seguros” –ni turistas ni intrépidos- pero que acaba llegando a lugares –del Tanned Tin 2007 a este álbum hay un trecho- solo al alcance de los más perseverantes y pacientes: los que saben viajar.