Dando por sentado que para uno lo más importante son las canciones por encima casi siempre de cualquier otro tipo de consideración, es prudente por otro lado dejar claro que no siempre los medios justifican el fin. Un buen ejemplo de esto se puede encontrar en el paso –para alguno quizá más bien imperceptible, dependiendo de la lente que se quiera utilizar- entre el primer disco de Bic Runga y el resto de su discografía. Es decir, entre la producción impersonal y a ratos crispante de “Drive” (1997) y álbumes como “Beautiful Collision”, “Birds” o este último “Belle” (Sony, 2011) donde, sin dejar de renunciar a los dibujos claros y los sonidos oxigenados de los que alguien de su status –superventas- siempre ha hecho gala, se agradecen otro tipo de pretensiones artísticas un poco allá del simple empeño de hacer caja de manera inmediata.

Siguen prevaleciendo las formas milimétricas además de los esforzados empeños en no maltratar al oyente curioso. Se suavizan aún más dichas formas y, ya que estamos, se van eliminando sesgos rockistas de su primer pasado que no conducían a ninguna parte –a no ser que ese lugar tuviera razón de ser en el riff gratuito y el arreglo plano, es decir, en la canción-anuncio de usar y tirar, y afortunadamente ya no es el caso-. “Tiny Little Pice Of My Heart” retoma el pulso allí donde el tórrido “Birds”, que giraba alrededor de los últimos cincuenta y primeros sesenta, se quedó. Aunque en esta inicial el cumplido sea realmente hacia el soul femenino más dinámico y efervescente de esos años y no hacia la balada incandescente de la que hizo bandera su predecesor. “Hello Hello” es y funciona como un single perfecto con el que combatir una relación abocada al fracaso –o quizás aún peor: a la indiferencia-. Y es que, si no quedó claro, “This Girl´s Prepared For War”, como Runga bien se encarga de enfatizar, aún a riesgo de que aquí, por otro lado, podamos comparar demasiado su modulación con la de una Sarah Cracknell cuando ésta se deja mecer, sobre todo, por texturas más orgánicas. Una conexión que sobrevuela en más momentos de “Belle”, por cierto, sin que ello sea óbice para destacar, además, los aires a lo John Barry en piezas como “Good love” o la tendencia navideña en “Everything Is Beautiful And New”, con esa progresión melódica tan enquistada en el subconsciente pop.

Un producto bien empaquetado, funcional, de apariencia frágil, que viene desde hace tiempo con padrinos de relumbrón –los Finn Brothers, compatriotas- y que en los ratos libres se recrea con revisiones de Johnny Mercer o Sneaky Feelings, saliendo bastante ilesa en los envites.

Cuando las ganas de agradar, de vender, de sostener cierta exigencia y de perdurar en el tiempo adquieren –todas juntas- un inusitado equilibrio, algo con lo que uno no siempre tiene la fortuna de cruzarse en estancias de éxito ansioso e impenitente.