La mafia de Indiana. Quince años atrás, cuatro muchachos se asociaron para formar la discográfica Secretly Canadian, a la cual seguirían –a través de relaciones múltiples más o menos incestuosas- Jagjaguwar, Misra y Dead Oceans, dando empaque a la distribuidora SC que, a día de hoy, controla los productos de, entre otras, Asthmatic Kitty, K, Tomlab, Western Vinyl y Suicide Squeeze. Uno de estos cuatro personajes es Ben Swanson, presente aquí como teclista de Tammar.

Como no podía ser de otra manera, dicen que se formaron hace cinco años sin ánimo de hacer carrera, más bien para no dejar que las canciones de Dave Walter se pudriesen en el anonimato. “Visits” (Suicide Squeeze 2011), aunque tardío resultado, constituye un pequeño descubrimiento. La primera impresión, por sonido y tonalidad púrpura de la portada, remite a Crocodiles, que, a su vez, remitían –entre otros: la deuda con Echo And The Bunnymen venía implícita en el nombre reptil de la banda- a Secret Machines o a los padres de todo esto, Neu!

Temas largos, casi todos superiores a los cinco minutos, donde la prominencia del ritmo imponiendo su paso marcial se ve magnificada por las diferentes capas de teclados –gruesos, acolchados, sanguíneos- en complicidad con la voz con reverb típico de catacumba para rematar. Descontando la más dulce “Summer Fun” –una de las mejores del 2011: esa guitarra podrían haberla firmado The Radio Dept-, las otras seis canciones poseen –sin ser ni iguales ni monótonas- un hilo unitario –demencial el ambiente creado por la secuencia de “The Last Line”, “Deep Witness”, “Arrows Underwater” y la monolítica “Yung Jun”– que trepana y penetra cual aguja de tatuaje tras beber cinco Red Bull seguidos. Un álbum para perder la cabeza el sábado noche, gane o pierda tu equipo.