Mi álbum favorito de Elton John, por encima de otros mucho más condecorados: la música que debe escuchar quien pretenda un retrato complementario de finales de 1971. Aquel año, su nombre aparecía en todas partes. El tímido compositor pianista con tremendas posibilidades comerciales –“Your Song” como estandarte- no parecía –junto a su socio letrista Bernie Taupin– querer claudicar ante lo inevitable –el éxito masivo-, de manera que resistió a la tentación con dos discos reflejando el abanico inmenso de su talento a medida que experimentaba con el atropello de la fama: no se entienden “Tumbleweed Connection” y “Madman Across The Water” sin la experiencia norteamericana.

Circula este último a dos velocidades. La imperante en Estados Unidos –los tejanos bordados de la portada- y la que trae de Europa. Se percibe nada más empezar “Tiny Dancer”. Sobre un piano de sonido sintético –parecido en resonancia al usado aquellos días por David Bowie en “Hunky Dory” y “Ziggy Stardust”– y una voz con los resortes preceptivos para pasar en un instante de la alegría al drama –estamos en pleno glam rock-, entra la percusión –también de aire artificial- tras las notas ululantes en clave country de una guitarra slide (se incorpora a la banda Davey Johnstone de Magna Carta). Pero más importante que la mezcla de oeste y este es el increíble efecto obtenido: sinceramente pienso que no solo es la mejor entrada de una canción de Elton John, sino también una de las mejores a día de hoy, cuarenta años después. Y si el resto del tema es empujado por una sección de cuerdas espectacular en sus subidas y bajadas –arregla Paul Buckmaster, produce Gus Dudgeon-, el vértigo arremetiendo en medio de la quietud esconde un haz experimental digno de reverencia.

No lo vieron con los mismos ojos quienes pedían otra “Your Song”, pues el álbum contaba con singles brillantísimos –“Levon”– aunque de maceración lenta. Despuntaron las primeras críticas. Y resulta curioso comparar la extrañeza producida entonces con lo vigente que suena tantos años después. Esa solemnidad dejando entrever lo pagano, los coros de intenso sabor gospel –“Rotten Peaches”, “Holiday Inn”-, la logística desplegada en función de una obra de magnitud desproporcionada, y sobre todo el estado de gracia de un Elton capaz de situarse por encima de todo ello con su voz y su piano, llenando cualquier espacio sonoro con su personalidad. “Madman Across The Water” no es la suma de sus canciones, sino mucho más: es su último trabajo en libertad para experimentar dentro de los límites de cantautor que se autoimponía –su última travesura juvenil, su despedida de soltero- antes de poner en marcha una de las más fabulosas máquinas de fabricar éxitos del pop. Que además se preocupó de mantener durante bastantes años –“Honky Chateau” y “Goodbye Yellow Brick Road”– un altísimo nivel de dignidad en este segmento de mercado. Por algo es nuestro post número mil.