Dejaron The Explorers Club un estupendo sabor de boca con “Freedom Wind”, un primer álbum que utilizaba los juegos vocales de The Beach Boys para recrear determinado momento de una época. Ahora reinciden con “Grand Hotel” (Rock Ridge 2012) buscando abrir algo más el abanico, pese a apoyarse en Mark Linett –productor de los Wilson-, con resultados discutibles.

El hecho de recuperar casi todos los subgéneros del pop radiofónico de la costa oeste de los últimos sixties no implica forzosamente un gran disco. ¿No dicen que poco aprieta quien mucho abarca? Pues eso: si ese sexteto de Charleston hubiese intentado perfeccionar el estilo apuntado en la entrada instrumental de “Acapulco (Sunrise)” –también más adelante está “Acapulco (Sunset)” insinuando concepto-, estaríamos ante una versión actualizada para coctelerías de “Hawaii” de The High Llamas (recálquense las palabras Acapulco y Hawaii). Sin embargo “Grand Hotel”, con sus arreglos tipo Tom Jones y algunas pieza más con reminiscencias de rhythm & blues blanquecino, se desmarca del guión. Y por muy agradables que sean algunas canciones, carecen de una pátina común –un poco como el álbum de Miles Kane- que justifique su existencia. Porque, aunque desde la lejanía del 2012 puede parecer que Jim Webb –o su vocero Glen Campbell-, The Beach Boys, Neil Diamond y Engelbert Humperdinck iban dirigidos al mismo público, no es cierto. Otra cosa es que “It´s No Use”, “Bluebird” y “Street Delights” suenen agradabilísimas –suaves, relajantes- y cuelen dentro de un mismo saco de pop crepuscular sesentero. Y que “I´ve Been Waiting” sea digna de The Raspberries. Yo, no obstante, insisto: es importante que el enfoque sea el adecuado –aquí ganaría el de Jonathan Jeremiah- si no quieres que tus canciones –por acertadas que resulten las de “Grand Hotel”- queden sepultadas bajo la losa del mimetismo.