La primera vez que supe de Sharon Van Etten fue leyendo una reseña de Kiko Amat. No la recomendaba imperiosamente, pero las dudas entre líneas contribuían aún más a dedicarle un tiempo; sobre todo ahora, sabiendo que “Tramp” (Jagjaguwar 2012) ha sido producido por Aaron Dessner, uno de los hermanos que capitanean la lustrosa nave de The National, y que se ha rodeado de colaboradores potentes –como Matt Barrick, percusionista de The Walkmen, Jenn Wasner de Wye Oak, y Peter Kadis mezclando cuatro temas- para sacar adelante el proyecto.

Las primeras canciones no consiguen borrar la opinión tibia a favor del elogio definitivo. Otra cantautora más, esta vez empujada por una relación sentimental díscola –se puede palpar la violencia en “Give Out”– que, al publicitarse, deja aún más condicionada la escucha del álbum. Poco a poco no obstante va penetrando un clima de sensibilidad verdadera, el que nace de la turbulencia para extenderse manejando la suavidad. Crece poco a poco, en “Leonard” e “In Line”, pero es a partir de la séptima –“All I Can”, seguramente pillada de alguna escena de Tokio de “Lost In Translation”– cuando florece imparable en una segunda mitad de álbum convertida en sprint rumbo al delirio. “We Are Fine” –grande Zach Condon de Beirut en el contrapeso vocal: espero verlos tocarla juntos sobre la tarima en el Primavera Sound- no puede aspirar a más porque, sencillamente, es lo máximo –nivel casi Mary Margaret O´Hara-, con ese it´s ok to fear, everything is real estremecedor. Le sigue una “Magic Chords” digna de figurar en “Let England Shake” de P.J.Harvey y tras ella “Ask”, un regalo de plegaria para los descreídos que dudamos si aún debe haber algo ahí fuera que nos permita seguir alimentando la esperanza de creer. “I´m Wrong”, con la apreciada ayuda vocal de Julianna Barwick, y “Joke Or A Lie”, sirven para cerrar el círculo virtuoso. Como en las grandes películas, a veces las cosas no se sabe si acaban bien o mal, pero su estela perdura en nuestra memoria toda la vida.