Una vez fijadas las premisas para distinguir a Deerhunter de Atlas Sound años ha, Bradford Cox no se ha preocupado de salirse del guión sino más bien de perfeccionarlo. Así, ha seguido utilizando la electrónica en los dos proyectos, pero dando más cancha a la sensación de bloque y a los teclados en el primero, mientras dejaba que en Atlas Sound la línea de flotación la marcasen los contrapuntos de instrumentos naturales, sobretodo un característico rasgueo de guitarra acústica o –cuando los teclados manipulados saturan- las percusiones caseras, con el sustrato sonoro desprendiendo hechuras de un solo músico.

La mayor incógnita de “Parallax” (4AD) consiste en averiguar si esa portada tan de crooner tiene relación con la oferta anterior. En principio no se justifica –tirando de mucha imaginación para verle en la piel de Richard Hawley– más allá del arranque de “Parallax” o de la cadencia de “Terra Incognita”, esta última con un epílogo que, cual beso de final de película en blanco y negro, quita la respiración. No es el único, pues a lo largo del álbum destacan intermitentemente numerosos paréntesis sosegados con elementos de dream pop. Y muchas de sus composiciones surgen a modo de instantáneas caseras pensadas para disfrutarse en versiones de otros. A mí por ejemplo me encantaría escuchar un día a Björk cantando “Te Amo”. Porque parece esculpida para ella. Y, titulada en castellano, sirve un poco de guiño cómplice a la alta estima que se le tiene por nuestras latitudes.