Estas cosas solo pasan en la Asia pujante y aparentemente feliz. 30 de abril de 2012, a bordo del vuelo de Air Asia AK 1013 de Guangzhou a Kuala Lumpur. Es el aniversario de un matrimonio chino. Él ha querido sorprenderla. En un momento dado, una azafata abre el micrófono y anuncia el hecho, obsequiando a los afectados con un precioso ramo cónico de flores blancas redonditas envueltas en un cucurucho morado. Ambos se levantaron de sus asientos agradecidos mientras todo el resto del pasaje –salvo quizás solo yo- cantaba “Happy Birthday”, tras lo cual el marido soltó el discurso torpe de rigor ante la azafata cuya sonrisa espectacular, fruto de una dentadura blanquísima en contraste con la piel oscura solo existente entre las personas de origen hindú, llenó de luz la cabina. Sobra decir que el marido también pasó el resto del vuelo firmando papeles –facturas, justificantes- para la aerolínea, entre palmaditas en el hombro de cada pasajero que iba camino de los lavabos. Y a mí, que este tipo de sucesos me parecen de una inocencia boba –el escepticismo resabiado europeo ante lo naïf oriental-, esta vez casi me emocionó. ¿Por qué? Pues seguramente porque en mis auriculares sonaba “Visions” (Arbutus/4AD 2012) de Grimes.

La propuesta de esta artista multidisciplinar me tiene enganchado desde hace un par de años. Empecé por “Halfaxa” (2010) con muchas dudas. Claire Boucher, DJ canadiense, combinaba ritmos electrónicos bailables con una vocalización de agudos angelicales que podría interpretarse como una fusión de new age con el pulso de Depeche Mode. Me preocupaba la abundancia de gorgoritos y la precariedad de los textos: mucho planear y poca sustancia. En cualquier caso, la iridiscencia deslumbrante de temas como “Devon” me incitó a adquirir la reedición de su primer álbum “Geidi Primes” (2010) para hacerme una idea más enfocada de sus premisas: diseño gráfico singular, y recursos globales –en “Sardaukar Levenbrech” parece que cante en chino, mientras la moruna “Grisgris” no es precisamente una alusión a Dr. John– con simbología inspirada –títulos sobre todo- en la obra de Frank Herbert, el autor de “Dune”.

Superficialmente no mucho ha cambiado en “Visions” –no se sale del guión de los anteriores- pero, escuchado en profundidad, emerge el apreciado sabor de lo definitivo. Es un álbum ya maduro, coherente, donde todo encaja de principio a fin. Antes su volatilidad me despistaba. Ahora –“Infinite Love Without Fulfillment”– lo oriental agarra solidez –podría ser M.I.A. sin la agresividad- y en seguida ella se encarga de poner sobre el tapete la baza ganadora de “Genesis”, soñada canción de verano –por adictiva- en clave Björk vaporosa, para después armar la lanzadera de ritmos pegajosos con algún respiro inquietante: también –“Circumambient”– hay momentos para afilar las uñas.

Tras escucharlo, prevalece la sensación de haber cumplido los objetivos marcados. Cuando la voz por fin se zambulle en las bases sin sentirse extraña; cuando consigue ubicarse en el punto equidistante anhelado entre lo celestial y el club; cuando por fin cuadran sus dibujos, el look y los beats; cuando lo etéreo y lo sórdido se desvanecen ante lo tangible y lo dinámico; cuando todo esto ocurre mientras la escucho y contemplo a 12000 pies el enorme poder de las emociones sencillas de un ramo de flores bien hecho, entonces solo puedo asentir para mis adentros y farfullar, con la boca chica, que “Genesis” es una de mis canciones favoritas del primer semestre del 2012.