Si hace diez años me piden un listado de grupos favoritos, no duden que entre los primeros figurarían Son Volt, Centro-matic, Varnaline y My Morning Jacket. Ver compartir proyecto a sus cabecillas juntos en “New Multitudes” (Rounder 2012) vendría a ser pues como un orgasmo de efecto retardado.

Pillados por separado también podríamos extraer conclusiones suculentas. Yim Yames se había implicado en varias colaboraciones, ni siquiera es ésta la primera con olor a supergrupo: recordémosle en Monsters Of Folk, formación para la que tocó en directo la percusión Will Johnson, que por su parte también había montado un supergrupo –The Undertow Orchestra, junto al malogrado Vic Chesnutt-, que a su vez compartía manager con Anders Parker, quien… –respiren hondo pues la frase repleta de pronombres relativos no acaba aquí-…participó en Gob Iron junto a Jay Farrar –excompinche de Jeff Tweedy en Uncle Tupelo-, que tuvo que tragar viendo a Wilco sacar adelante su idea de trabajar sobre textos de Woody Guthrie en “Mermaid Avenue” junto a Billy Bragg (se dice que Bragg y Nora Guthrie intentaron convencerle hasta el último instante para volverse a ver las caras en un estudio con Tweedy). Todo muy interconectado.

Con tanto talento implicado, “New Multitudes” –no podía ser de otra manera- es un primor de álbum. Asumida la rémora de perspectiva complementaria de “Mermaid Avenue” hurgando en los archivos de Guthrie, los músicos han podido adaptar sus distintas personalidades musicales a los textos sin esfuerzo aparente. Están las guitarras chirriantes de Parker, los lamentos vocales de Farrar, la sensibilidad desgarradora de Johnson y la perfección eterna –“My Revolutionary Mind” sobresale- de Jim James, siempre respetando el guión que va de la vida a la muerte –poner juntas “No Fear” y “Changing World” es un puntazo- del cantautor de cantautores norteamericanos.

Por supuesto el reparto es equitativo –doce composiciones, tres por participante- guardándose Farrar, como instigador del invento, la licencia de abrir y cerrar un álbum de naturalidad sobrecogedora. Como si cada una de estas canciones perteneciesen desde siempre a los cuatro músicos –cinco, contando el homenajeado- por igual.