Los británicos tienen mucha más mano que los norteamericanos cuando se trata de sacar bandas con visos épicos. Bandas con aspiraciones de trascender; bandas con pompa adosada, que abruman y dejan sin aliento. Algunas, todo hay que decirlo, merecidamente. Dry The River juegan con dos armas: la voz de Peter Liddle y la cohesión de su sonido. “Shallow Bed” (Sony 2012) enseña que la primera se mueve en parámetros con altibajos. En los extremos se parece -en los tramos más lentos- a Antony, o –cuando la orfebrería se desmadra- a Wild Beasts. La lógica promediada sin embargo los lleva a un sonido cauto, que podría ser mucho más veloz y agresivo pero también más ostentoso y plomizo. Les lleva de hecho en muchos pasajes a resguardarse –y resguardarnos- en la franja de la sensibilidad viril que tan bien manejan Elbow, sin más delito que algunos títulos provenientes de estilos distintos –oscuros o traslúcidos- pero que en el fondo tienen el mismo padre, el folk británico: “New Ceremony” –primer single-, “History Book”, “Demons”, “Bible Belt”, “Shaker Hymns”, etc. Porque al final del discurso, superado el drama carnaversallesco en nombre del arte, uno encuentra el manantial folk puro de siempre. Y, no me pienso esconder, a mí me pueden –seguramente mérito colateral de la producción de Peter Katis– esos finales grandes como el de “Lion´s Den” –aunque se hagan pesados en el estertor-, con los latigazos de voz hiriendo mientras las secciones de cuerda y viento vienen por detrás sanando.