Cuando me empezó a gustar la música, John `Mac´ Rebennack, más conocido como Dr. John, era al pantano de Louisiana lo que Captain Beefheart al desierto de Arizona; lo que el caimán a la serpiente de cascabel. Pocas posibilidades había de salvarse tras cualquiera de estas mordeduras.

La de Dr. John venía con el antídoto proporcionado por él mismo como curandero. Un groove sureño voluptuoso y atropellado, criollo, te sumergía en una ciénaga densa para un adolescente acostumbrado al cloro de la piscina, donde se mezclaba el vudú africano importado a Nueva Orleans, el animismo –algún pollo fue sacrificado sobre el escenario- y la santería, emulando ritmos que te condenaban al trance gracias al buen hacer de músicos brujos como The Meters.

A pesar de la aureola de álbumes como “Gris-Gris” (1968), yo empecé a sentirme cómodo con su música cuando se avino a las concesiones del mercado. En “In The Right Place” (1973), apadrinado por Allen Toussaint y Arif Mardin, convivía el funk de siempre –más atemperado- con guiños melódicos –“Such A Night”- dignos del Van Morrison de “Moondance”, e incluso cerraba con una canción –“Cold Cold Cold”- del mismo nombre que otra que figuraba un año antes en “Sailin´ Shoes” de Little Feat, otros maestros manejando entonces la zona mixta del sur.

El retorno de Mac Rebennack a sus 71 años se produce en un marco envidiable, llevado de la mano de unos incondicionales expertos como The Black Keys. Saben conjugar la pólvora con la tradición, así que el impacto explosivo y la convicción están garantizados. Se palpa al instante en “Locked Down” (Nonesuch 2012), cuando la guitarra afilada en mitad de la canción del mismo nombre se escurre por entre el ritmo. El guiño al jazz de Nueva Orleans, tan o más pegajoso que el de Tom Waits, está muy bien perfilado en “Big Shot”, siempre con el sudor negro primigenio cerca –“Ice Age” y su entrada africana, “Getaway” fluyendo con el palpitar de Gil Scott-Heron- en consonancia con sus miedos ancestrales –¿menciones a orisha o yemaya en “Eleggua”?- en espera de un shamán como el de la portada impartiendo el legado, separando bendiciones y maleficios. Remedio para todos. Mano de santo pagano al otro lado –comparten manera de entender los coros femeninos- de Leonard Cohen. ¡Qué bueno que Dr. John haya vuelto! Para al menos convencernos que el infierno es más divertido que el cielo.