“Something” (Chairlift). Se dijo antes en el post de Seventeen Evergreen: es mejor no decantarse de entrada por ningún estilo que hacerlo y después cambiar notoriamente a otro. Queda menos chaquetero. El caso es que en pocos momentos del álbum anterior se podía predecir que Chairlift alcanzarían el brío trepidante de “Something”. Atrapa cosa mala entre ritmos ochenteros de dudosa reputación. El detalle que otorga el veredicto definitivo: ya tiene guasa que, en “Wrong Opinion”, el peso del estribillo –lo hipnótico, lo que te hace desear que se repita- sea un sonido parecido al de un cencerro.

“Screws Get Loose” (Those Darlins). Un año casi han tardado en ver publicado su segundo álbum en Europa. Desde Tennessee, con ganas de gustar y a la vez de perturbar. La transparencia de su sonido contrasta con el dedo metido en la nariz de la portada. Una travesura para esconder la maniobra sobre la zona trillada de Best Coast y toda la legión que mira el reflejo de Beach Boys sobre un calendario infinito. Al igual que Tigercats, les sientan estupendamente las vibraciones estivales.

“Spooky Action At Distance” (Lotus Plaza). Parte del secreto de la fórmula de Bradford Cox queda revelado aquí, en las texturas creadas por Lockett Pundt, su amigo y guitarrista en Deerhunter. Los referentes son claros –“Strangers”-, con arpegios miméticos desarrollando las acústicas camino del trance –más Atlas Sound en “Out Of Touch”– y con picos álgidos estelares –“Remember Our Days”– en las cenefas: quizás Lotus Plaza carezca del punto dramático y de la vena cósmica del jefe –suena más inglés, y no es que quiera buscar la comparación semántica fácil con Lotus Eaters, vistos algunos arreglos eighties de las guitarras- pero, escuchando al escudero, entiendo mejor a Bradford Cox. De adquisición obligada para los fans de Deerhunter.

“Delta Spirit” (Delta Spirit). Hace pocos días, en uno de esos trasnoches atípicos, fui a parar a un bareto donde estaba empezando a sonar el típico Grandes Éxitos de Eagles. Quedé deslumbrado al recordar, una tras otra, la calidad extraordinaria –sobre todo teniendo en cuenta su accesibilidad- de todas las canciones que sonaron hasta la etapa –inclusive: arquitectura maestra la de “New Kid In Town”– de “Hotel California”. Será por asimilación semántica –aquí la canción “California”, una de mis favoritas del 2012-, por la denominación de origen o por la música que practican, el caso es que Delta Spirit me recuerdan a Eagles. Aprovechan la sobriedad para explorar terrenos asimismo atractivos: el rasgueo de “Empty House” evocaría a The Walkmen, la guitarra inicial de “Otherside” a Shack, etc etc. Lo que sin embargo convence es la facilidad entusiasta del conjunto –el drive de “Money Saves”, el final agradecido de “Yamaha”– y, repito, ese monstruo llamado “California” –dan ganas de mudarse, visto el panorama en Europa– que me tiene enganchadísimo.