¡Ah, la adolescencia! Una época en la cual incluso el texto de cualquier receta médica, si viene de mano de un estribillo espectacular –desplegado con el dramatismo de quien le va la vida en ello-, puede marcarte para siempre. De haberme enganchado el álbum homónimo de Niki And The Dove entonces, le hubiese jurado fidelidad eterna.

Reconozco que no entra a la primera. La voz de Malin Dahlström arranca como la de Bat For Lashes emulando a Kate Bush. Y la montaña rusa instrumental surfeando sobre todo lo sintético que se impuso en los primeros ochenta –Twin Shadow también se abastece con algunos tics- heredado de Roxy Music, desde Duran Duran hasta sobre todo –ya que hemos mencionado a la Bush– el Peter Gabriel de la percusión entrecortada apabullante, a veces deja un sabor poco natural. Es allá por la sexta canción –“Last Night”– cuando te sorprende la viñeta descrita en el momento justo y con el dramatismo apropiado –last night we got married in a taxi-; y entonces empiezas a prestar atención a lo pegadizo del estribillo de “Somebody” y a percatarte de que, pura magia –“Love To The Test”-, el trío ha pasado de pueril a adolescente por un puente en forma de himno –“DJ, Ease My Mind”– cuyo estruendo retumba en cada una de sus sílabas: oh DJ ease my mind through you, play that song again, cause we were in love, before the rain began.

Sin otro remedio que rebobinar para recuperar lo perdido, vuelves a “The Drummer” y a “In Your Eyes” para disfrutar del equilibrio entre soñar y a la vez tener los pies en el suelo. Desde “Bat Out Of Hell” de Meat Loaf no me había vuelto a dejar embaucar por la sensación de over the top juvenil; aunque sea a ráfagas entre la percusión. Ya era hora.