Este pariente pobre de Justin Vernon que a veces incluso podría suplantarle: Christopher Porterfield. Empezaron juntos en DeYarmond Edison, y ambos están relacionados con la etiqueta Megafaun. Chris se quedó fuera del proyecto Bon Iver, lo cual le escoció lo suficiente como para intentar demostrar –a Justin, al consumidor, incluso a sí mismo- que él también merecía atención. Su vehículo es Field Report, y el álbum homónimo confirma las aspiraciones.

Una escucha poco atenta corre el riesgo de despreciarlo. Esa guitarra acústica sobre drones de teclados sirve para dar brillo a la buena narrativa provinciana, pero –también sucede con Vernon– a menudo llega demasiado lineal. Lo que sirve para crear un ambiente puede sin embargo acabar en bostezos si quien escucha no presta atención. Demasiado plano. Y es entonces, al dedicar un tiempo a los textos, cuando empezamos a cambiar la percepción. Sin importar demasiado el guión, tienen un sabor especial determinadas frases sueltas, incluso sacadas de contexto: I spent eight long years working on my screenplay/ it´s a teen movie with young actresses that plays to the middle-aged (“I´m Not Waiting Anymore”), please tell your boys that a line in the sand don´t matter if you don´t care/ that a bird in the hand is worthless if you´re too scared (“Taking Alcatraz”), where Dahmer sings the blues with Liberace/ as they sip on 50 cent beers (“Incommunicado”), o la preciosa I am singularly lonely  living here without you/ I am still your man/ somedays we do the best we can (“Circle Drive”). Y si a lo largo del álbum subyace una calma sentida, la guinda se pone con una “Route 18” digna de figurar en “Nebraska” de Bruce Springsteen. He said we fucked up but won´t admit it, due to endless imperial vanity.

¿Exagero? Tal vez. El tiempo dirá si bajo la trampa había cartón. Solo puedo decir que conmigo ha colado.