La primera vez que escuché la voz de Josephine Foster, en “Hazel Eyes, I Will Lead You” (2005), la percibí con posibilidades tonales extremas, y si después no la seguí obstinadamente no fue tan por culpa suya –aunque todos sabemos que habría dispuesto de mayor resonancia si hubiese incrementado el porcentaje de piezas asequibles- como por la saturación de este tipo de talentos femeninos encabezados por Joanna Newsom.

La voz de Josephine tiene el don de la pureza. Surge como un manantial cristalino de montaña, fresca y alta, ancestral, en busca de valores –más que olvidados- devorados por la vida urbana. Asombra la producción de Andrija Tokic porque ha de trajinar con una voz –fina y aguda- en las antípodas de su laureado trabajo –obligado a mostrar la grasa- en el álbum de Alabama Shakes. “Blood Rushing” (Fire 2012) construye un forjado de ambiente ancestral, el que pone música a las huellas del felino manteniendo el silencio del bosque en otoño. Comunión precolombina de la mano de una especie de Buffy Sainte-Marie actualizada, sosegada aunque de serenidad inquietante –“Geyser” es el único tema turbio-, con la plasticidad de las clásicas –“Child Of God” huele a hermanas McGarrigle– en la retina, que nada tiene que ver con la imagen del turista que visita Yosemite comiendo hamburguesas, ése que tira las bolsas de plástico en la papelera de diseño y que decide el sendero a seguir con un clic en Google maps.