“What We Saw From The Cheap Seats” (Regina Spektor). La consolidación de St. Vincent ha propiciado que dejemos un tanto de lado a Regina. ¿Por qué? Sin cuestionar lo incuestionable –su talento-, seguramente desdeñamos baladas al piano como “Firewood” o “How” sin conceder lo difícil que es sacarlas así de bien. Y no es que sea previsible, banal o algo peyorativo, sino que sus fuentes  -el drama de vena europea de “Open”, o el tipo de arreglos como los de “Patron Saint”, estupendos pero demasiado cómplices de gente como Rufus Wainwright– ya no impactan como antaño. Me quedo con los guiños a lo popular, como tararear “Don´t Let Me Be Misunderstood” en “Oh Marcello”, o a lo étnico, como el patois francófono de “Don´t Leave Me”. Bien producido por Mike Elizondo –ambidiestro  estilístico: Eminem, 50 Cent, PinkNelly Furtado, Alanis Morissette, Fiona Apple, Rilo Kiley-, crece con el tiempo.

“The House That Jack Built” (Jesca Hoop). La contraportada, galopando sobre un campo de esqueletos con el horizonte en llamas, pone sobre aviso: esta mujer tiene algo que contar. Y cuando pone una quinta marcha, saltan las alarmas, con la voz echando mano de unos agudos escalofriantes –“Born To”, “Deeper Devastation”– entre Kate Bush y las voces búlgaras, causando gran impresión. Su vertiente de cantautora, sin romper moldes en lo musical, va de la melodía pizpireta –“Pack Animal”, “Ode To Banksy”– al intimismo –“DNR”– de Suzanne Vega. Superando la suma de sus partes, por polifacética, se podría mencionar junto a Jane Siberry. He leído por ahí que los textos se han visto contaminados por la muerte de su padre, y que ha ejercido de niñera en casa de los Waits.

“Let It Break” (Gemma Hayes). Este disco lleva más de un año dando vueltas en Irlanda pese a que la edición europea es de hace pocos meses. Hay que hacer hincapié en la denominación de origen: por muy cantautora femenina que sea –“Waiting For You”– y muchas coincidencias que se busquen con contemporáneas más o menos innovadoras, tiene el olor de la tierra característico. Será por la producción de David Odlum o porque allí pensamos que se ve la vida desde un cliché, lo cierto es que hay una combinación de guitarras sobre colcha de teclados –la subida final de “There´s Only Love”– presente tanto en la obra de The Frames como de U2. Como mirar a través de la ventana de un tren, bien sentado, contemplando el verde nublado del paisaje, mientras se dejan atrás los edificios de cristal de las afueras de Dublin para abrazar las casas rurales de piedra secular.

“I Predict A Graceful Expulsion” (Cold Specks). Una voz clara con algo de carraspera –nada serio, ni en el sentido Bonnie Tyler ni, desgraciadamente, en el Janis Joplin– que parece conformarse con vestir dignamente sus arpegios. No nos quedemos con esta lectura inicial, que es la que prevalece durante los primeros temas (tanto si la base es la guitarra acústica como el piano). Porque a medida que se profundiza en el meollo de la obra, florecen las razones por las que una muchacha canadiense se apode Al Spx –se dice que para evitar el control paterno con una doble vida- y haya trabajado con Rob Ellis, el de P.J. Harvey. “Elephant Head” –la que contiene la frase titular I predict a graceful expulsion, probablemente otra alusión al conflictivo entorno familiar, así como el texto de “Lay Me Down”-, “Send Your Youth” y “Blank Maps” componen un auténtico tour de force tanto vocal como emocional. No hay que desfallecer si cuesta entrar en su universo. Yo tardé cinco meses, y menos mal que, aunque a medias, lo conseguí.