“One Day I´m Going To Soar” (Dexys). Aún habiéndole seguido con cierto entusiasmo en su etapa fértil durante los ochenta, he sido de los que han sentido antipatía por la parte chulesca de Rowland. Su actitud prepotente, sin el aval de una voz extraordinaria, le deja a merced de los trucos más amanerados –casi tragicómicos- para encajar en la estantería de vocalistas blancos soul: en esta gama siempre he preferido la modestia de Edwyn Collins, desde el primer álbum de Orange Juice. Debo reconocer sin embargo que escucharle entrar cual crooner trasnochado con culo pelado de tanto chupar barra de bar –“Now”-, constatar que es capaz de –además de embaucar a colaboradores como Mick Talbot, Alex James y Glen Matlock– parodiar en “I´m Always Going To Love You” el estilo Travolta & Olivia dándole una pátina de pasteleo cutre Pulp, volver a disfrutar de las orquestaciones vivaces de soul celta patentadas por “Too-rye-ay”, y aplaudir ese arrastre vocal tan teatral y a la vez tan eficaz en cada sílaba del estribillo de “It´s O.K. John Joe”-, me ha conmovido.

“That´s All Gone” (Nick Waterhouse). Saquear el pasado es lícito siempre que exista una aportación personal. Y si los británicos consiguen recrear las formas estilísticas –como Miles Kane-, los americanos se dedican a aplicarlas a través de la estrategia energética. Nick Waterhouse, californiano, huele a sudor de rock & roll disfrutado en un antro negro a remolque del rhythm & blues. No obstante tiene un punto seco de Amy Winehouse en los arreglos –solo que aplicado a Memphis en vez de las west indies– que no le hace gran favor a sus buenas intenciones. Le falta algo para levantarme del asiento. Una patada en las partes. Pero bien dada.

“Synthetica” (Metric). La misma voz, el mismo trote a piñón fijo: el mismo pop con electrónica chisposa, al que el título del álbum le viene al pelo. Quería hablar de él aunque poco tenga que decir. Tiene once cortes sin más historia que la del estilo del disco anterior, pero me ha acompañado durante el verano. A lo largo de él, he ido apuntando cosas más bien irrelevantes de todas las canciones que ni siquiera me atrevo a escribir aquí: ¿puede interesar a alguien que “Lost Kitten” sea más minimalista, o que la voz masculina en “The Wanderlust” se parezca a la de Lou Reed? Claro que, si luego resulta que es la de Lou Reed, interesa más.

“In Our Heads” (Hot Chip). Hace ya mucho tiempo que su sonido ha dejado la sorpresa por el sello de calidad. Trabajan un estilo propio donde no ha lugar –a estas alturas- para grandes transformaciones ni grandes batacazos. Se actualizan álbum tras álbum, absorbiendo de las novedades solo lo que sienta bien a su música. Por esto me gustan los Hot Chip más deslizantes –“These Chains”-, funky –“Don´t Deny Your Heart”, aterciopelados –“Let Me Be Him”– o lanzados a la caza del ritmo –los bajos elásticos ochenteros de Les Rythmes Digitales de  “Night & Day” y “Now There Is Nothing”-, siempre con el buen gusto por bandera. Aunque ya no gocen de ruido mediático.